

En la semana de Carnaval hablamos de las máscaras sociales en Onda Cero Radio
En la semana de Carnaval, cuando la idea de “ponerse una máscara” está en el ambiente, muchas personas se dan cuenta de algo: a veces no es un disfraz puntual, sino una forma de sobrevivir. En Onda Cero Radio, la psicóloga clínica Montserrat Guerra habló de las máscaras sociales: ese esfuerzo por aparentar calma, seguridad o eficiencia mientras por dentro hay cansancio, ansiedad o una sensación constante de estar “actuando”. Porque adaptarse es humano, sí, pero cuando la máscara se vuelve obligatoria, el coste emocional y físico empieza a notarse en el día a día..
Desde la búsqueda del éxito hasta la aparente felicidad constante, Guerra destaca que existen numerosas máscaras sociales que utilizamos en diferentes contextos para encajar y cumplir con las expectativas sociales. Estas máscaras pueden manifestarse en formas diversas, desde el perfeccionismo implacable hasta el papel del cuidador siempre presente.
Durante la entrevista, la directora del área clínica enfatizó la importancia de comprender estas máscaras sociales y su impacto en la salud mental. «Es necesario adaptarnos a la sociedad y al contexto en el que estamos para poder funcionar socialmente»; subrayó Guerra, señalando cómo el equilibrio entre la autenticidad y la adaptación puede ser crucial para el bienestar psicológico.
Guerra insta a una reflexión profunda sobre la autenticidad y la presión social que lleva a muchos a ocultar aspectos de sí mismos detrás de estas máscaras. «Aunque la adaptación social es necesaria, también es esencial encontrar espacios donde podamos ser genuinos y auténticos sin miedo al juicio o la crítica», añadió.
Esta entrevista arroja luz sobre un aspecto fundamental de la psicología social contemporánea y nos invita a reflexionar sobre cómo nuestras máscaras sociales influyen en nuestras vidas diarias y en nuestra salud mental.
En psicología llamamos mascaras sociales a los “papeles” que adoptamos para encajar, evitar conflicto o cumplir expectativas: la máscara de la eficiencia, del buen humor, del fuerte, del cuidador, del impecable. En sí mismas, las máscaras sociales no son algo “malo”: adaptarnos es parte de vivir en sociedad, y a veces una máscara social permite sostener una situación puntual (una entrevista, una reunión, un momento difícil) sin desbordarnos.
El problema aparece cuando esa máscara deja de ser una elección flexible y se convierte en una obligación interna: “si no rindo”, “si no estoy bien”, “si no soy agradable”, “si muestro necesidad, molesto”. Ahí la máscara empieza a convertirse en una jaula: mantiene la imagen, pero incrementa el coste emocional.
En divulgación actual se utiliza mucho el término masking para describir el esfuerzo (consciente o automático) de ocultar rasgos, emociones o necesidades para parecer “normal” o “aceptable”. En neurodivergencias, por ejemplo, se ha estudiado el camuflaje social (camouflaging/masking) como estrategia para minimizar señales visibles y evitar rechazo, aunque a largo plazo puede asociarse a mayor estrés y peor salud mental.
Pero el masking no ocurre solo en neurodivergencia: también lo vemos en personas con ansiedad, historias de crítica o vergüenza, estilos de apego más evitativos, o roles familiares tempranos donde “había que tirar”. En estos casos, la persona aprende un camuflaje emocional: por fuera controla, rinde y sonríe; por dentro va acumulando alerta, cansancio y desconexión.
Estas pistas suelen ser más útiles que etiquetar rápido:
Mantener una máscara social sostenida tiene un precio psicológico y fisiológico: aumenta la carga mental, reduce el descanso real, alimenta la rumiación y suele deteriorar la autoestima (“si me quieren, es por mi personaje”). En consulta se observa que, con el tiempo, el camuflaje emocional puede favorecer ciclos de ansiedad (hipervigilancia + perfeccionismo + culpa) y estados depresivos más silenciosos.
Aquí conviene hacer una distinción importante: no siempre hay tristeza evidente. A veces la persona “funciona”, pero el cuerpo empieza a hablar: fatiga, dolor, bajada del placer, apatía, irritabilidad, somatizaciones. En ese punto puede ser útil leer también sobre la depresión enmascarada (depresión somatizada), cuando el malestar emocional se expresa sobre todo en el cuerpo: https://psicologossantander.info/depresion-enmascarada/
No se trata de “quitarse todas las máscaras sociales” de golpe, sino de recuperar elección y seguridad interna. Algunas ideas clínicas que suelen ayudar:
1. Identificar en qué contextos aparece la máscara
Empieza por ubicar “dónde” y “con quién” se activa. No siempre ocurre en todos los ámbitos, y eso ya da pistas.
2. Detectar la función protectora
Toda máscara es una solución aprendida. Antes de intentar cambiarla, conviene entender qué protege y qué evita. Esto reduce la culpa y el autoataque (“soy falso”, “soy raro”) y abre espacio para alternativas más sanas.
3. Ensayar micro-verdades
Salir de la máscara no es pasar de 0 a 100 (“o me muestro totalmente o sigo escondido”). Se trabaja con exposición gradual: pequeñas dosis de autenticidad que el sistema nervioso pueda tolerar sin colapsar.
Ejemplos de micro-verdades útiles:
4. Separar valor personal de rendimiento
El núcleo del camuflaje emocional suele ser: “si no cumplo, no valgo”. En terapia se trabaja para desmontar esa ecuación, porque es la gasolina del masking.
Líneas típicas que conviene identificar:
Intervenciones que ayudan:
5. Crear “zonas sin máscara”
Si todo el día es exigencia, la máscara se cronifica. Por eso es terapéutico crear espacios deliberados donde la prioridad sea regular el sistema nervioso y recuperar identidad.
Opciones:
6. Regular activación y “bajar el volumen” del sistema nervioso
Muchas mascaras sociales no son solo mentales: son fisiológicas. El cuerpo está en alerta y la máscara es el modo de funcionar en ese estado. Sin regulación, el cambio se vuelve muy difícil.
Herramientas típicas:
7. Revisar el “guion” relacional y entrenar límites sin culpa
A veces la máscara se mantiene por un patrón interpersonal: complacencia, miedo a decepcionar, evitar conflicto, hacerse cargo de todo.
Se trabaja:
Cuando la máscara se mantiene por miedo, cuando hay ansiedad persistente, sensación de vacío, agotamiento crónico, problemas de sueño, somatización, o cuando la vida social/relacional se vuelve un escenario más que un lugar de vínculo. Esto lo trabajamos en terapia de manera constante, tanto en formato presencial como online, adaptando el enfoque a cada persona y a su contexto.
En terapia, el objetivo no es “ser auténtico a la fuerza”, sino construir seguridad interna para que la autenticidad sea posible: aprender a regular la activación, identificar necesidades reales, flexibilizar creencias exigentes y ensayar formas de relación más honestas y sostenibles, sin sentir que exponerse implica peligro.
Más información sobre el miedo a ser diferente: https://psicologossantander.info/miedo-a-ser-diferente/