Factores biológicos y médicos
Genética, metabolismo, enfermedades, tratamientos farmacológicos, sueño y otros factores fisiológicos pueden influir en el peso y deben ser valorados por los profesionales correspondientes.


El apoyo psicológico en obesidad puede ser útil cuando, además de las cuestiones médicas o nutricionales, existen dificultades relacionadas con la autoestima, la imagen corporal, la ansiedad, la relación con la comida, el estigma o el mantenimiento de determinados cambios.
Esto no significa considerar la obesidad un problema psicológico. La obesidad es una realidad compleja y multifactorial en la que pueden intervenir numerosos factores biológicos, metabólicos, médicos, sociales, ambientales y conductuales.
Tampoco todas las personas con obesidad necesitan terapia. La intervención psicológica tiene sentido cuando existe una necesidad emocional, cognitiva o conductual concreta que está generando sufrimiento o interfiriendo en la calidad de vida.
Una persona puede vivir con obesidad sin presentar un problema emocional ni una relación conflictiva con la comida. Del mismo modo, alguien con un peso considerado normativo puede experimentar ansiedad, culpa, atracones, rechazo corporal o un trastorno de la alimentación.
Montserrat Guerra, directora del área clínica del Centro de Psicología, ha abordado la obesidad en nuestros espacios de divulgación para recordar que el peso no debería analizarse desde una única perspectiva.
Hablar de psicología y obesidad no significa buscar necesariamente una causa emocional detrás del peso.
Significa reconocer que la experiencia de vivir con obesidad puede estar acompañada, en determinadas personas, de dificultades relacionadas con autoestima, cuerpo, estigma, relaciones sociales, hábitos, ansiedad o frustración después de numerosos intentos de pérdida de peso.
Para algunas personas estos aspectos apenas generan malestar.
Para otras ocupan una parte muy importante de su día a día.
Una intervención adecuada debe partir precisamente de esa diferencia.
En este episodio, Montserrat Guerra analiza algunos de los aspectos psicológicos y sociales que pueden acompañar a la obesidad y plantea la importancia de evitar explicaciones culpabilizadoras.
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ESCUCHAR EPISODIO SOBRE OBESIDADDurante mucho tiempo se ha transmitido una explicación excesivamente sencilla: si una persona pesa más de lo deseado, debe comer menos y moverse más.
Esa idea no refleja toda la complejidad del peso corporal.
El organismo no funciona como una ecuación idéntica para todo el mundo.
Pueden influir predisposición genética, metabolismo, edad, sueño, determinadas enfermedades, tratamientos farmacológicos, cambios hormonales, disponibilidad de alimentos, actividad física, condiciones económicas, horarios laborales, estrés y muchos otros elementos.
También pueden existir factores psicológicos, pero su relevancia varía de una persona a otra.
Por ello no es clínicamente adecuado explicar automáticamente el peso mediante ansiedad, baja autoestima o supuestos conflictos emocionales.
La valoración debe ser individual.
Genética, metabolismo, enfermedades, tratamientos farmacológicos, sueño y otros factores fisiológicos pueden influir en el peso y deben ser valorados por los profesionales correspondientes.
Jornadas laborales, responsabilidades familiares, economía, disponibilidad de alimentos, descanso y posibilidades reales de actividad también forman parte del contexto.
Haber realizado numerosos intentos de pérdida de peso puede afectar a las expectativas, la confianza personal y la relación con la alimentación.
Ansiedad, estrés, regulación emocional, perfeccionismo, autoestima, imagen corporal o determinados patrones de pensamiento pueden ser relevantes para algunas personas y no para otras.
El apoyo psicológico en obesidad no debería plantearse como una condición obligatoria por el simple hecho de tener un determinado índice de masa corporal.
Hay personas que no presentan ninguna dificultad psicológica específica relacionada con su peso.
En esos casos no tendría sentido patologizar su experiencia.
Sin embargo, otras personas llegan a consulta después de años de malestar relacionado con su cuerpo o con los intentos repetidos de adelgazar.
Algunas han dejado de hacer actividades que disfrutaban.
Otras viven pendientes de la báscula.
Algunas sienten una fuerte ansiedad con la comida o interpretan cualquier desviación de una dieta como un fracaso.
También encontramos personas que han perdido peso, incluso una cantidad considerable, pero continúan sintiéndose inseguras o insatisfechas.
En estos casos la psicología puede ayudar a trabajar los elementos concretos que están provocando sufrimiento.
Parte del impacto psicológico asociado a la obesidad no nace necesariamente dentro de la persona.
Puede proceder del entorno.
Las personas con cuerpos grandes pueden recibir comentarios, juicios o recomendaciones no solicitadas prácticamente desde la infancia.
Algunas experiencias son claramente discriminatorias.
Otras son más sutiles.
Pueden presentarse en forma de bromas, comentarios familiares, críticas sobre lo que alguien está comiendo, miradas o suposiciones sobre sus hábitos.
Incluso comentarios aparentemente bienintencionados pueden resultar dolorosos cuando se repiten durante años.
El estigma relacionado con el peso puede favorecer vergüenza, aislamiento, inseguridad o evitación de determinadas situaciones.
También puede dificultar la búsqueda de ayuda sanitaria si la persona teme volver a ser juzgada.
Trabajar psicológicamente estas experiencias implica diferenciar los juicios externos de la propia identidad y ayudar a que el peso no se convierta en la característica alrededor de la cual gira toda la valoración personal.
Peso y autoestima tampoco son equivalentes.
Existen personas con obesidad que mantienen una buena valoración personal y personas delgadas que presentan un profundo rechazo hacia su cuerpo.
Lo importante es explorar cómo se siente esa persona concreta.
Cuando existe malestar corporal, puede manifestarse mediante comportamientos muy diferentes.
La intervención psicológica no exige llegar a amar cada característica física.
En muchas ocasiones resulta más realista trabajar una relación menos hostil con el cuerpo.
Poder vestirse, participar en actividades, relacionarse o disfrutar sin que el peso monopolice constantemente la atención puede constituir un objetivo terapéutico relevante.
Una frase frecuente es: “cuando adelgace haré…”.
Después aparece una larga lista.
Comprar ropa.
Salir más.
Ir de vacaciones.
Hacerse fotografías.
Ir a la playa.
Empezar una relación.
Buscar otro trabajo.
En estas situaciones, una parte importante de la vida queda aplazada hasta alcanzar un resultado corporal.
Ese planteamiento puede generar mucho sufrimiento.
Incluso si la persona finalmente pierde peso, determinadas inseguridades pueden continuar porque no dependían exclusivamente del cuerpo.
Adelgazar no garantiza automáticamente sentirse seguro, quererse más o resolver dificultades sociales.
La terapia puede ayudar a distinguir qué objetivos dependen realmente de una cuestión médica o corporal y cuáles pueden empezar a construirse desde el presente.
Las emociones pueden modificar nuestra forma de comer.
Esto ocurre en personas con pesos muy diferentes.
Algunas pierden el apetito cuando están nerviosas.
Otras comen más.
Algunas buscan determinados alimentos después de un día especialmente difícil.
Esta conducta ocasional no constituye necesariamente un problema.
La alimentación forma parte de la vida social, afectiva y cultural y no siempre responde exclusivamente al hambre fisiológica.
La dificultad aparece cuando la comida se convierte de manera repetida en una de las principales formas de manejar estrés, ansiedad, tristeza, aburrimiento o frustración y la persona siente que pierde libertad para decidir.
En esos casos el trabajo psicológico puede centrarse en reconocer desencadenantes, ampliar estrategias de regulación emocional y reducir la culpa.
Puedes ampliar información en nuestra página sobre comer por estrés .
Esta es una distinción fundamental.
No podemos saber si una persona presenta atracones observando su peso.
El trastorno por atracón es un trastorno de la alimentación definido por episodios recurrentes de ingesta acompañados de una marcada pérdida de control y otras características clínicas.
Puede aparecer en personas con obesidad, pero también en personas sin obesidad.
Y la mayoría de las personas con obesidad no deben ser consideradas automáticamente personas con trastorno por atracón.
Asociar ambos conceptos puede aumentar el estigma y también provocar errores en la evaluación.
Cuando existen episodios repetidos de pérdida de control, vergüenza, comer a escondidas o malestar intenso después de comer, sí conviene valorar específicamente esa posibilidad.
Puedes consultar nuestra página dedicada al trastorno por atracón .
Dos personas con pesos similares pueden tener patrones alimentarios, experiencias psicológicas y condiciones médicas completamente diferentes.
Diferenciar obesidad de trastorno alimentario no significa ignorar que ambas situaciones puedan coexistir.
Los trastornos de la alimentación aparecen en personas de pesos muy diferentes.
Una persona con obesidad puede tener atracones, conductas restrictivas, miedo intenso a engordar, culpa o una preocupación excesiva por la alimentación.
Estas conductas deben valorarse por sí mismas.
No deben considerarse adecuadas simplemente porque el objetivo sea perder peso.
Restricciones extremas, vómitos, uso inadecuado de laxantes u otras conductas compensatorias requieren atención clínica independientemente del tamaño corporal.
Puedes ampliar información en nuestra página sobre trastornos alimenticios .
Muchas personas llegan a consulta después de haber realizado numerosas dietas.
Algunas recuerdan perfectamente desde qué edad empezaron a controlar lo que comían.
Durante años pueden alternarse etapas de control intenso con periodos de abandono.
Cada nueva dieta suele comenzar con esperanza.
“Esta vez sí.”
Se compran alimentos nuevos, se establecen horarios, se eliminan comidas y se fijan objetivos.
Cuando el plan deja de cumplirse perfectamente aparece decepción.
La frase es importante porque transforma una dificultad práctica en un juicio personal.
Ya no se piensa “este plan no se adaptó a mi vida”, sino “yo soy incapaz”.
Desde psicología podemos analizar qué ha ocurrido sin recurrir automáticamente a la idea de falta de voluntad.
Quizá el plan era excesivamente rígido.
Quizá no contemplaba horarios laborales, cansancio o responsabilidades.
Tal vez existía un patrón de todo o nada.
También puede existir una dificultad médica o nutricional que corresponda valorar a otros profesionales.
Entender el problema permite diseñar respuestas mucho más útiles que culpabilizarse.
Uno de los patrones que puede dificultar los cambios es pensar en términos extremos.
“O lo hago perfecto o no sirve.”
“Si he comido algo que no debía, hoy ya está perdido.”
“Si la báscula ha subido, todo el esfuerzo ha sido inútil.”
Esta forma de pensar convierte pequeñas variaciones normales en fracasos completos.
Puede generar periodos de mucho control seguidos de abandono y culpa.
Trabajar psicológicamente la flexibilidad significa aprender a interpretar el proceso de otra forma.
Un día diferente no elimina semanas de cambios.
Una comida social no convierte un proceso en inútil.
Una variación de peso tampoco define el valor personal.
Los hábitos que se mantienen a largo plazo necesitan poder convivir con vacaciones, celebraciones, enfermedad, cambios de horarios y semanas difíciles.
La psicología no prescribe dietas y tampoco tiene como objetivo principal conseguir una determinada cifra de peso.
Su función es trabajar aquellos factores psicológicos que sean relevantes en el caso concreto.
En terapia también puede explorarse la relación que existe entre el peso y otras áreas de la vida.
Algunas personas han llegado a considerar que casi cualquier problema se resolverá cuando adelgacen.
Otras sienten que no tienen derecho a disfrutar de determinadas actividades mientras no cambie su cuerpo.
Trabajar estas ideas puede mejorar el bienestar incluso cuando el peso no constituye el objetivo principal de la intervención.
Cuando la dificultad se concentra especialmente en la relación con la comida, puede ser útil un abordaje desde la psicología alimentaria o psiconutrición .
Podemos trabajar pensamientos, emociones y comportamientos relacionados con alimentación, culpa, restricción, ansiedad o imagen corporal.
Esto no sustituye a nutrición.
Si una persona necesita una pauta dietética individualizada, debe ser valorada por el profesional correspondiente.
Psicología y nutrición pueden trabajar de forma complementaria cuando el caso lo requiere.
Algunas personas con obesidad están realizando tratamientos médicos específicos para perder peso.
Estos tratamientos deben ser prescritos y supervisados por profesionales médicos.
Desde psicología no indicamos medicamentos, no recomendamos dosis y no modificamos tratamientos.
El apoyo psicológico puede tener una función complementaria cuando aparecen dificultades emocionales relacionadas con el proceso.
Por ejemplo, algunas personas experimentan miedo a recuperar el peso perdido.
Otras siguen sintiéndose corporalmente como antes aunque su cuerpo haya cambiado.
También pueden mantenerse antiguos patrones de culpa, ansiedad o preocupación excesiva por la comida.
En otros casos aparecen expectativas muy elevadas.
Se espera que el cambio de peso modifique automáticamente autoestima, relaciones, seguridad personal o estado de ánimo.
Cuando esto no ocurre puede aparecer decepción.
El acompañamiento psicológico puede ayudar a separar objetivos médicos, objetivos corporales y necesidades emocionales.
Puedes consultar nuestra página específica sobre apoyo psicológico durante tratamientos médicos para adelgazar .
El cuerpo puede cambiar más rápido que la representación mental que una persona tiene de sí misma.
Alguien puede haber perdido peso y continuar evitando fotografías, sintiéndose observado o utilizando prendas destinadas a ocultar el cuerpo.
También puede permanecer el miedo a recuperar peso.
En algunas personas ese miedo se convierte en una preocupación constante.
Se pesan varias veces al día, revisan cada alimento o interpretan pequeñas variaciones como una señal de que “todo vuelve a empezar”.
Estas situaciones pueden trabajarse psicológicamente.
El objetivo es conseguir que el mantenimiento de la salud no se convierta en una vigilancia permanente del cuerpo.
Para algunas personas, pesarse se convierte en una conducta casi automática.
Si el número ha bajado, se sienten satisfechas.
Si ha aumentado, pueden comenzar el día enfadadas, tristes o culpables.
La báscula deja entonces de ser una herramienta ocasional y se convierte en un sistema de evaluación personal.
El peso corporal puede variar por múltiples razones y un dato aislado no informa sobre el valor de una persona ni sobre todo su proceso de salud.
Cuando el pesaje genera una alteración intensa del estado de ánimo, puede ser útil trabajar qué significado psicológico se le está atribuyendo.
Consiste en evitar que la atención a la salud se transforme en culpa, obsesión o una evaluación continua del propio valor.
La ansiedad y el estrés pueden coexistir con obesidad, pero no debemos asumir que sean su causa.
Una persona puede tener ansiedad independientemente de su peso.
También puede ocurrir que las experiencias relacionadas con el peso aumenten el estrés.
Por ejemplo, miedo al juicio social, experiencias de discriminación, preocupación médica o numerosos intentos de dieta pueden generar un desgaste importante.
Cuando además la comida se utiliza habitualmente para aliviar ese malestar, puede aparecer un círculo difícil de manejar.
El trabajo psicológico puede abordar ambas partes: el malestar emocional y la forma en que la persona responde a él.
La intervención psicológica no debería convertir a la persona en responsable absoluta de su peso.
Tampoco debería transmitir el mensaje de que todo depende de modificar pensamientos o emociones.
El objetivo es identificar aquello sobre lo que sí podemos trabajar.
Quizá sea la forma de afrontar el estrés.
Quizá sean pensamientos rígidos sobre comida.
Puede ser la imagen corporal.
Tal vez sea el miedo constante a recuperar peso.
O las experiencias de estigma que han afectado durante años a la autoestima.
Trabajar estos factores puede mejorar el bienestar aunque existan otras variables médicas o biológicas que no dependan de la terapia.
Cuando el peso o la imagen corporal han afectado durante mucho tiempo a la forma de valorarse, trabajar la autoestima puede ser un complemento útil.
Este taller es un recurso divulgativo y práctico. No sustituye una terapia individual ni una valoración clínica.
VER TALLER DE AUTOESTIMATener obesidad no constituye por sí mismo un motivo para acudir al psicólogo.
Puede ser recomendable hacerlo cuando existe un problema psicológico concreto asociado al peso, la alimentación o la experiencia corporal.
No es necesario esperar a que la situación sea extrema.
Una primera valoración puede ayudar a determinar si existe realmente una necesidad psicológica y qué tipo de intervención sería adecuada.
No. La obesidad es multifactorial. Pueden existir factores psicológicos relevantes en algunas personas, pero no explican por sí solos el peso corporal.
No. La terapia tiene sentido cuando existe una dificultad psicológica concreta, como ansiedad con la comida, malestar corporal, baja autoestima, atracones, estigma o problemas para adaptarse a determinados cambios.
Es la intervención sobre aquellos factores emocionales, cognitivos o conductuales que estén generando malestar, sin sustituir la valoración médica o nutricional que pueda necesitar la persona.
No. El trastorno por atracón es un trastorno alimentario con criterios específicos. Puede aparecer en personas con diferentes pesos, y muchas personas con obesidad no presentan atracones.
La terapia no es una dieta ni garantiza pérdida de peso. Puede ayudar cuando existen barreras psicológicas relacionadas con hábitos, ansiedad, regulación emocional, imagen corporal, expectativas o mantenimiento de cambios.
Sí. El trabajo psicológico sobre autoestima, estigma o imagen corporal no exige que la pérdida de peso sea un objetivo.
No. La prescripción, seguimiento, dosificación y modificación de estos tratamientos corresponden al profesional médico.
Sí. Son profesionales con funciones distintas y pueden trabajar de manera complementaria cuando la situación lo requiere.
No. La relación entre emociones y alimentación puede existir independientemente del peso. La obesidad no debe atribuirse automáticamente a una causa emocional.
Si existen episodios recurrentes de pérdida de control conviene realizar una valoración específica, porque el trastorno por atracón es diferente de la obesidad y requiere estudiar sus propias características.
Trabajamos dificultades emocionales frecuentes como ansiedad, depresión y estrés, adaptando la intervención a cada persona.
Orientación profesional para momentos concretos en los que necesitas comprender mejor una dificultad o tomar decisiones sobre cómo afrontarla.
Atención psicológica individual para mayores de 16 años, con confidencialidad y un enfoque adaptado a las necesidades de cada persona.
Realizamos evaluaciones psicológicas, neuropsicológicas y psicopedagógicas según la demanda y las necesidades de cada caso.
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Solicitar informaciónEste artículo es informativo. La obesidad es multifactorial y su valoración y tratamiento médico corresponden a los profesionales sanitarios competentes. La intervención psicológica aborda aquellos aspectos emocionales, cognitivos y conductuales que sean relevantes en cada caso.