Montserrat Guerra aborda las inyecciones para adelgazar en una entrevista hoy en Onda Cero
Las llamadas inyecciones para adelgazar han pasado en muy poco tiempo de ser un tratamiento médico relativamente desconocido para gran parte de la población a convertirse en uno de los temas de salud más comentados. Ozempic, Wegovy, Mounjaro, semaglutida, tirzepatida o GLP-1 son términos que aparecen ya en medios, redes sociales y conversaciones cotidianas. Pero detrás de la pérdida de peso existe otra parte que merece atención: cómo cambia la relación con la comida, con el cuerpo, con la báscula y con uno mismo.
Este 5 de octubre de 2026, la psicóloga Montserrat Guerra ha hablado en Más de uno Cantabria, de Onda Cero, sobre la utilización de medicamentos conocidos popularmente como “inyecciones para adelgazar” y, especialmente, sobre aquello que muchas veces queda fuera de la conversación: la salud mental.
Porque perder peso puede ser médicamente conveniente en determinadas situaciones y estos tratamientos pueden constituir una herramienta importante cuando están bien prescritos y supervisados. Pero una persona no es únicamente el número que aparece en una báscula. Antes del tratamiento existe una historia con la comida, con el cuerpo, con las dietas, con el hambre, con la ansiedad y con la propia autoestima. Y esa historia no desaparece automáticamente porque disminuya el apetito o cambie el peso.
Desde la psicología creemos que el enfoque más responsable es evitar dos extremos. Ni demonizar tratamientos farmacológicos que pueden ser útiles cuando están correctamente indicados, ni presentarlos como una solución rápida, sencilla o exclusivamente estética.
La utilización de este tipo de medicación debe realizarse siempre con supervisión médica. Y cuando existen ansiedad, atracones, comer emocional, miedo intenso a engordar, insatisfacción corporal, dietas repetitivas, dificultad para mantener hábitos o antecedentes de trastornos de la alimentación, resulta especialmente importante incorporar también valoración y acompañamiento psicológico profesional.
Un tratamiento médico para el control del peso no debería iniciarse, modificarse ni interrumpirse por cuenta propia. Debe existir valoración y seguimiento médico. Desde el punto de vista psicológico, además, conviene observar cómo vive la persona el proceso: qué ocurre con su autoestima, su relación con la comida, su imagen corporal, la ansiedad, el miedo a engordar y las expectativas depositadas en la pérdida de peso.
Inyecciones para adelgazar, Ozempic y salud mental
En el programa de hoy, Montserrat Guerra aborda una cuestión que está generando cada vez más conversación: qué ocurre cuando un tratamiento médico consigue reducir el peso, pero la persona continúa teniendo miedo a engordar, culpa al comer, ansiedad, insatisfacción corporal o una gran dependencia emocional de la báscula.
Hablar de estos medicamentos únicamente desde la pérdida de kilos deja fuera una parte importante del proceso. La supervisión médica es imprescindible para el tratamiento farmacológico y el acompañamiento psicológico puede ayudar a trabajar aquello que la medicación, por sí sola, no pretende resolver.
Escuchar Más de uno Cantabria¿Qué son las llamadas inyecciones para adelgazar?
La expresión “inyecciones para adelgazar” es una forma popular de referirse a diferentes medicamentos utilizados en determinados pacientes para tratar la diabetes tipo 2, la obesidad o el exceso de peso asociado a ciertas condiciones médicas.
Entre ellos encontramos medicamentos relacionados con el sistema de las incretinas y fármacos que actúan sobre receptores como el GLP-1. Algunos nombres que se han popularizado son semaglutida, liraglutida y tirzepatida, y muchas personas los reconocen más fácilmente por marcas comerciales como Ozempic, Wegovy, Saxenda o Mounjaro.
Sin embargo, que todos aparezcan juntos en titulares y redes sociales no significa que sean exactamente iguales ni que tengan las mismas indicaciones. Tampoco significa que cualquier persona que quiera perder peso deba utilizarlos.
La valoración de si existe una indicación médica, qué medicamento puede ser adecuado, qué dosis utilizar, cuánto tiempo mantenerlo y cómo realizar el seguimiento corresponde siempre al profesional médico.
Desde la psicología no prescribimos estos tratamientos ni decidimos si una persona debe tomarlos. Nuestra función es otra: observar y trabajar las variables psicológicas que pueden influir en el proceso antes, durante y después de la pérdida de peso.
Que un medicamento se haya hecho popular no lo convierte en un producto de consumo libre. Los tratamientos farmacológicos para el control del peso requieren prescripción y supervisión médica. Comprar medicamentos a través de canales no autorizados o utilizarlos sin seguimiento puede implicar riesgos importantes.
Cuando además existen problemas con la comida, ansiedad, atracones, rigidez alimentaria, miedo intenso a engordar o antecedentes de un trastorno de la alimentación, conviene incorporar también supervisión psicológica especializada.
El éxito del medicamento no debería medirse únicamente en kilos
Una de las dificultades de la conversación social alrededor de estos tratamientos es que casi todo termina reducido al peso: cuántos kilos se han perdido, en cuánto tiempo, cuánto ha disminuido la talla o cuánto ha cambiado visualmente el cuerpo.
Estas medidas pueden ser relevantes desde el punto de vista médico, pero no describen por completo cómo se encuentra una persona.
Podemos imaginar dos personas que han perdido exactamente la misma cantidad de peso y que psicológicamente están viviendo situaciones completamente diferentes.
Una puede haber incorporado hábitos más sostenibles, comprender mejor su apetito, sentirse físicamente mejor, mantener una relación relativamente flexible con la comida y aceptar que el peso puede oscilar.
Otra puede haber perdido los mismos kilos pero vivir cada día pendiente de la báscula, sentir terror a recuperar peso, evitar comidas sociales, mirarse constantemente al espejo y pensar que cualquier aumento supone un fracaso.
Desde fuera puede parecer el mismo resultado. Psicológicamente no lo es.
El mensaje de “adelgazar rápido” puede tener consecuencias
Vivimos en una sociedad con una fuerte presión estética y con muy poca paciencia para los procesos lentos. Queremos resultados visibles, medibles y rápidos.
Cuando aparece un tratamiento capaz de disminuir el apetito y favorecer una pérdida significativa de peso en determinados pacientes, resulta comprensible que despierte interés.
El problema comienza cuando desaparece el contexto médico y queda únicamente el mensaje simplificado:
- “Con esto se te quita el hambre”.
- “Con esto adelgazas rápido”.
- “Cuando bajes de peso te sentirás mejor”.
- “Por fin tendrás el cuerpo que quieres”.
- “Si funciona, no volverás a tener problemas con la comida”.
Ninguna de estas conclusiones puede darse por garantizada.
Disminuir el apetito puede facilitar el tratamiento médico del peso en determinadas personas, pero no borra automáticamente una historia previa de dietas, culpa, atracones, ansiedad o rechazo corporal.
Por eso resulta importante que el proceso no se limite al medicamento. La supervisión médica debe ocuparse del tratamiento físico y farmacológico; la supervisión psicológica puede ayudar a entender cómo está viviendo la persona los cambios y a prevenir que la pérdida de peso termine convirtiéndose en una nueva fuente de obsesión.
¿Desde dónde quiero adelgazar?
Esta es una pregunta sencilla pero clínicamente muy útil.
Dos personas pueden querer perder peso por motivos completamente distintos.
Mejorar movilidad, disminuir dolor, prevenir complicaciones médicas, responder a una recomendación sanitaria o sentirse físicamente más cómodo.
“No soporto mi cuerpo”, “si no adelgazo nadie me va a querer”, “cuando pese menos por fin valdré” o “necesito dejar de verme así cuanto antes”.
La diferencia es importante.
Buscar mejorar la salud no exige odiar el cuerpo actual. De hecho, los cambios suelen resultar psicológicamente más sostenibles cuando se realizan desde el cuidado y no desde el castigo.
El acompañamiento psicológico puede ayudar a identificar si la persona está utilizando el tratamiento desde una posición de autocuidado o si la pérdida de peso se ha convertido en una condición para aceptarse.
La comida puede cumplir funciones que van mucho más allá del hambre
Una de las preguntas que más nos interesa desde la psicología es qué papel cumplía la comida antes de comenzar el tratamiento.
No todas las personas comen únicamente porque tienen hambre fisiológica.
En determinados momentos la comida puede funcionar como alivio, recompensa, distracción o regulación emocional. Una persona puede comer cuando está preocupada, aburrida, triste, enfadada, sola, cansada o sometida a mucho estrés.
Esto no significa necesariamente que exista un trastorno.
Significa que comer también puede cumplir una función emocional.
Si el medicamento disminuye considerablemente el apetito, puede producirse una reducción importante de la ingesta. Pero la emoción que antes intentábamos aliviar con la comida puede continuar presente.
Por eso una cuestión relevante durante el tratamiento es preguntarse:
- ¿Sé diferenciar hambre física de ganas de comer por ansiedad?
- ¿Qué hago ahora cuando estoy nervioso o frustrado?
- ¿Sigo necesitando utilizar la comida para sentir alivio?
- ¿Tengo otras herramientas para gestionar las emociones?
- ¿Qué ocurre si aumenta de nuevo mi apetito?
Si reconoces que utilizas la comida especialmente en momentos de tensión emocional, próximamente ampliaremos este contenido en nuestra página sobre comer por estrés y ansiedad.
Y cuando existe una sensación más general de mala relación con la alimentación, culpa, rigidez o preocupación, sin necesidad de que exista un diagnóstico concreto, puede resultar útil consultar nuestra información sobre problemas con la comida.
Atracones y pérdida de control: no todo se resuelve reduciendo el apetito
Las personas que experimentan atracones merecen una consideración especial.
Un atracón no es simplemente “comer mucho”. Habitualmente implica una experiencia subjetiva de pérdida de control: la sensación de que una vez iniciado el episodio resulta muy difícil detenerse.
Puede existir rapidez al comer, desconexión de las señales de hambre y saciedad, vergüenza, culpa posterior y un fuerte deseo de que no vuelva a ocurrir.
Algunas personas han pasado años alternando restricciones con episodios de pérdida de control. Otras han realizado muchas dietas, han eliminado alimentos que consideran “prohibidos” y terminan experimentando ciclos de control rígido y descontrol.
Cuando existe esta historia, cualquier tratamiento médico para perder peso debería realizarse con especial cuidado y con supervisión médica y psicológica.
El medicamento puede modificar el apetito, pero no sustituye la necesidad de comprender por qué aparecen los episodios, qué los desencadena, qué papel tienen las emociones y cómo se relaciona la persona con las restricciones alimentarias.
Puedes ampliar información en nuestra página sobre trastorno por atracón.
¿Qué ocurre si existe un trastorno de la alimentación?
Ante una historia actual o previa de anorexia, bulimia, trastorno por atracón u otros trastornos alimentarios, la valoración debe ser particularmente cuidadosa.
También conviene prestar atención cuando no existe un diagnóstico formal pero aparecen señales como restricción alimentaria intensa, vómitos, ejercicio compensatorio, gran miedo a engordar, obsesión con las calorías, pesarse continuamente o una autoestima excesivamente dependiente de la talla.
Un artículo en internet no puede decidir si un determinado medicamento está indicado o contraindicado en una persona concreta.
Esa decisión pertenece al equipo médico.
Lo que sí podemos señalar desde la psicología es que la historia alimentaria y emocional de la persona forma parte de la valoración global y no debería ignorarse.
Cuando existen síntomas de un TCA, antecedentes significativos o una relación muy alterada con la comida y el cuerpo, la coordinación entre supervisión médica y psicológica se vuelve especialmente relevante.
Puedes consultar nuestra página general sobre trastornos de la alimentación.
Adelgazar no garantiza gustarse más
Una creencia muy extendida es pensar:
A veces perder peso puede mejorar la movilidad, facilitar determinadas actividades y producir cambios positivos en distintos indicadores de salud.
Pero la imagen corporal es más compleja.
Podemos cambiar físicamente más rápido de lo que cambia la forma en que nos percibimos.
Algunas personas siguen sintiendo rechazo hacia su cuerpo después de adelgazar. Otras empiezan a examinar nuevas partes corporales que antes no les preocupaban. También puede aparecer una gran necesidad de mantener exactamente el nuevo peso.
Los comentarios del entorno pueden influir más de lo que parece.
“Qué bien estás”.
“Estás mucho mejor así”.
“Qué cambio”.
“Ahora sí que estás estupenda”.
Aunque normalmente se pronuncian con buena intención, algunas personas pueden interpretarlos como:
Si esta idea se instala, recuperar peso puede empezar a sentirse no como una variación corporal, sino como una amenaza a la aceptación, al atractivo o incluso al propio valor personal.
Por eso el trabajo psicológico durante una pérdida de peso puede incluir la imagen corporal, la autoestima y una relación más flexible con el cuerpo.
Cuando la báscula empieza a decidir cómo va el día
Pesarse puede formar parte de un seguimiento médico. El problema aparece cuando el número deja de ser un dato y se convierte en un veredicto emocional.
Cuando la báscula manda
“He bajado: hoy puedo estar contento”.
“No he bajado: he hecho algo mal”.
“He recuperado medio kilo: tengo que compensar”.
“Si subo, todo el esfuerzo habrá sido inútil”.
Una mirada más saludable
El peso es solamente uno de muchos indicadores.
Los procesos corporales no siempre son lineales.
Los hábitos no desaparecen porque un número cambie.
Mi valor personal no puede depender de una báscula.
Este cambio de perspectiva puede parecer sencillo, pero para una persona que lleva años condicionando su autoestima a su cuerpo requiere tiempo y trabajo.
¿Qué sabemos sobre estos medicamentos y la salud mental?
La relación entre los medicamentos utilizados para el control del peso y la salud mental ha generado interés y vigilancia por parte de organismos reguladores.
En los últimos años se revisaron notificaciones sobre pensamientos suicidas y autolesiones. Las revisiones disponibles no respaldan actualmente afirmar de forma general que los agonistas GLP-1 provoquen ideación suicida o conductas autolesivas.
Es importante decirlo así para evitar alarmismo.
Pero también sería un error concluir que durante el tratamiento no es necesario observar la salud psicológica.
El malestar emocional puede aparecer por muchas razones relacionadas con el propio proceso:
- una pérdida rápida de peso;
- cambios importantes en el apetito;
- presión para seguir adelgazando;
- elogios constantes sobre el nuevo cuerpo;
- miedo a recuperar kilos;
- historia previa de TCA;
- ansiedad;
- depresión;
- culpa al comer;
- obsesión corporal;
- comparación constante;
- experiencias previas de dietas restrictivas.
Por eso defendemos una mirada integrada. El médico supervisa la indicación, la evolución física, la medicación y sus posibles efectos. La psicología puede supervisar y trabajar cómo está viviendo la persona esos cambios, especialmente cuando aparecen dificultades emocionales o alimentarias.
Si durante cualquier tratamiento aparecen depresión intensa, cambios importantes del estado de ánimo, pensamientos autolesivos, ideas suicidas o alteraciones preocupantes de conducta, es necesario comunicarlo inmediatamente a los profesionales sanitarios responsables y buscar atención adecuada.
El problema de utilizar estos medicamentos sin supervisión
La popularidad de las inyecciones para adelgazar ha generado también situaciones preocupantes: compra a través de internet, redes sociales o canales no autorizados, intercambio de medicación entre personas o utilización sin una valoración médica adecuada.
Si un medicamento necesita receta, saltarse la receta no significa ahorrar un trámite.
Significa eliminar una parte de la seguridad.
Puede desconocerse si el producto es auténtico, si contiene la dosis indicada, si se ha conservado correctamente, si existen contraindicaciones personales o si pueden producirse interacciones con otros tratamientos.
Además existe una dimensión psicológica.
Cuando alguien siente tanta urgencia por adelgazar que está dispuesto a utilizar medicación de forma clandestina, ocultarla o asumir riesgos importantes, conviene preguntarse qué está ocurriendo alrededor de su cuerpo y su autoestima.
La supervisión médica es imprescindible. Y si existe esta intensidad emocional alrededor del peso, también conviene realizar una valoración psicológica.
He llegado al peso que quería… ¿y ahora qué?
Esta probablemente sea una de las preguntas más importantes de todo el proceso.
Hablamos muchísimo de perder peso.
Hablamos bastante menos de qué ocurre después.
Llegar al peso deseado no significa necesariamente que hayamos aprendido a mantener hábitos o que nuestra relación con la comida haya mejorado.
Para saber cómo ha sido realmente el proceso conviene preguntarse:
- ¿He aprendido a comer de una forma más flexible?
- ¿Tengo hábitos que podría mantener a largo plazo?
- ¿Comprendo mejor cuándo tengo hambre y cuándo estoy ansioso?
- ¿Puedo comer fuera sin sentir que estoy perdiendo el control?
- ¿Hago ejercicio desde el cuidado o para compensar?
- ¿Puedo tolerar pequeñas oscilaciones de peso?
- ¿Mi autoestima depende menos de mi cuerpo?
- ¿Sé gestionar emociones sin recurrir siempre a la comida?
Si una persona alcanza determinado peso pero continúa aterrorizada ante la posibilidad de recuperar cualquier cantidad, existe una parte importante que todavía necesita atención.
¿Qué pasa si vuelve el apetito?
Para algunas personas, una de las mayores preocupaciones aparece al imaginar un posible cambio o retirada del tratamiento.
“¿Qué ocurrirá si vuelvo a tener hambre?”
“¿Volveré a comer como antes?”
“¿Recuperaré todo el peso?”
“¿Seré capaz de controlarme?”
La decisión de modificar, reducir o retirar una medicación debe pertenecer siempre al médico responsable. Nunca debería realizarse unilateralmente.
Desde el acompañamiento psicológico podemos trabajar otra dimensión: la capacidad de la persona para confiar progresivamente en sus propios recursos.
El objetivo no es que tenga que vivir siempre sin hambre.
El objetivo es que pueda sentir hambre sin experimentar automáticamente miedo.
Que pueda distinguir hambre, apetito y ansiedad.
Que pueda comer con flexibilidad sin interpretar cada comida como una amenaza.
Y que una pequeña variación del peso no se convierta en una crisis emocional.
El miedo al efecto rebote también puede convertirse en un problema psicológico
El temor a recuperar peso es comprensible, especialmente en personas que han vivido muchos ciclos de dieta y recuperación.
Sin embargo, cuando este miedo se vuelve excesivo puede favorecer comportamientos cada vez más rígidos:
- pesarse varias veces al día;
- eliminar grupos de alimentos sin indicación;
- evitar cenas o reuniones;
- hacer ejercicio para compensar;
- sentirse culpable por cualquier comida diferente;
- estar continuamente vigilando el cuerpo;
- interpretar pequeñas oscilaciones como un fracaso.
La supervisión psicológica puede ayudar a preparar el mantenimiento de forma más realista, evitando que el deseo de conservar los beneficios del tratamiento termine convirtiéndose en una nueva forma de sufrimiento.
¿Cómo puede ayudar la psicología durante un tratamiento médico para adelgazar?
La intervención psicológica no prescribe la medicación, no modifica dosis y no sustituye al médico.
Complementa el tratamiento cuando existen aspectos emocionales, conductuales o alimentarios que conviene trabajar.
-
Explorar la motivación para adelgazar.
Comprender si el proceso parte principalmente del autocuidado y la salud o si existe vergüenza, rechazo corporal, presión externa o necesidad de aprobación. -
Trabajar la relación con la comida.
Comer no debería convertirse en una lucha permanente entre alimentos “permitidos” y “prohibidos”, culpa y compensación. -
Identificar el hambre emocional.
Comprender cuándo se utiliza la comida para regular ansiedad, estrés, aburrimiento, tristeza, cansancio o soledad. -
Valorar atracones o pérdida de control.
Cuando existen episodios repetidos deben evaluarse psicológicamente, sin reducirlos a una supuesta falta de voluntad. -
Trabajar la imagen corporal.
La pérdida de peso no garantiza automáticamente sentirse cómodo con el propio cuerpo. -
Reducir la dependencia de la báscula.
El número puede ser un dato médico sin convertirse en una medida cotidiana del propio valor. -
Construir hábitos sostenibles.
Incorporar cambios que puedan continuar formando parte de la vida independientemente del ritmo de pérdida de peso. -
Preparar el mantenimiento.
Trabajar qué ocurre emocionalmente si el peso se estabiliza, aumenta ligeramente o cambia el apetito. -
Coordinar con la supervisión médica.
El trabajo psicológico debe complementar el seguimiento sanitario, no sustituirlo.
Precisamente por este motivo estamos desarrollando dentro de Psicólogos Santander una página específica sobre apoyo psicológico durante tratamientos médicos para adelgazar.
Obesidad: una realidad más compleja que “comer menos”
Hablar de medicamentos para adelgazar inevitablemente nos lleva también a hablar de obesidad.
La obesidad es una realidad multifactorial y no puede explicarse únicamente como falta de voluntad, falta de disciplina o exceso de comida.
En cada persona pueden intervenir en diferente medida factores biológicos, médicos, sociales, ambientales, familiares, emocionales y conductuales.
Desde la psicología trabajamos especialmente aquellos aspectos que forman parte de nuestra competencia: relación con la comida, ansiedad, alimentación emocional, atracones, autoestima, imagen corporal, autoexigencia, hábitos y dificultad para mantener los cambios.
Puedes ampliar esta perspectiva en nuestra página de obesidad y apoyo psicológico.
Montserrat Guerra: obesidad desde una perspectiva psicológica
Este no es el primer espacio en el que Montserrat Guerra aborda públicamente la relación entre peso y salud mental. También hemos hablado anteriormente sobre obesidad desde una perspectiva psicológica, prestando atención al estigma, la autoestima, la relación con la comida y el impacto emocional que puede acompañar a determinados procesos de pérdida de peso.
Ese contenido resulta especialmente relevante para comprender por qué un abordaje eficaz puede necesitar una mirada multidisciplinar: la parte médica atiende las variables sanitarias y el tratamiento farmacológico cuando procede; la psicología trabaja aquellos factores emocionales, conductuales y de relación con el cuerpo que también forman parte del proceso.
Psiconutrición y psicología alimentaria: cuando el problema no tiene un único nombre
No todas las personas que necesitan ayuda psicológica con la alimentación tienen un trastorno alimentario.
Algunas personas simplemente sienten que llevan años peleándose con la comida.
Han probado muchas dietas.
Se sienten culpables cuando comen determinados alimentos.
Pasan temporadas intentando controlarlo absolutamente todo y otras en las que sienten que han perdido el control.
Comen peor cuando están ansiosas.
O tienen la sensación constante de que deberían adelgazar para sentirse bien consigo mismas.
En estos casos puede resultar útil trabajar desde un enfoque más amplio de psicología alimentaria y psiconutrición.
El objetivo no es sustituir la orientación médica o nutricional. Es trabajar los aspectos psicológicos que acompañan la alimentación y el cuidado del cuerpo.
Supervisión médica y psicológica: dos funciones diferentes que pueden complementarse
Es importante distinguir ambas funciones.
El médico evalúa la indicación farmacológica, antecedentes, contraindicaciones, dosis, tolerancia, evolución y seguridad del tratamiento.
La psicología no realiza esa función.
La intervención psicológica puede centrarse en cuestiones como:
- ansiedad asociada al peso;
- miedo intenso a engordar;
- atracones;
- comer por estrés;
- culpa después de comer;
- rigidez alimentaria;
- autoestima;
- imagen corporal;
- comparación social;
- presión estética;
- miedo a dejar el tratamiento;
- dificultad para mantener hábitos;
- antecedentes de trastornos alimentarios.
No se trata, por tanto, de elegir entre medicina y psicología.
Se trata de utilizar cada disciplina para aquello que le corresponde y coordinar ambas cuando la situación lo requiere.
¿Cuándo convendría pedir ayuda psicológica?
No hace falta esperar a encontrarse en una situación extrema.
Puede ser recomendable valorar ayuda psicológica si durante el proceso aparecen algunas de estas señales:
- el peso determina gran parte de tu estado de ánimo;
- te pesas de forma repetitiva;
- tienes miedo intenso a volver a sentir hambre;
- te angustia mucho la posibilidad de recuperar peso;
- evitas comidas sociales;
- sientes culpa después de comer;
- experimentas atracones;
- utilizas la comida principalmente para calmar emociones;
- cada vez restringes más alimentos;
- tu autoestima depende de tu talla;
- te comparas continuamente;
- tienes antecedentes de anorexia, bulimia u otros TCA;
- sientes que sin la medicación no podrás controlar nunca tu alimentación;
- el tratamiento está ocupando demasiado espacio mental.
En estas circunstancias conviene mantener el seguimiento médico y añadir una valoración psicológica que permita comprender qué está ocurriendo.
Recursos psicológicos relacionados
Algunas dificultades que aparecen alrededor de la alimentación y el peso tienen relación con la ansiedad, la autoestima y la forma en que nos hablamos a nosotros mismos. Estos recursos pueden servir como complemento divulgativo, aunque no sustituyen una evaluación individual cuando existe malestar significativo.
Vence al dragón: controla tu ansiedad y encuentra la paz interior
Un recurso para comprender mejor cómo funciona la ansiedad y empezar a desarrollar estrategias de regulación emocional, especialmente útil cuando el estrés influye en la forma de comer o de relacionarse con uno mismo.
Ver taller de ansiedad
Aprender a querer(me)
La pérdida de peso no garantiza automáticamente mejorar la autoestima. Este taller trabaja la relación con uno mismo y puede ser un complemento interesante para quienes sienten que su valor personal depende demasiado de su cuerpo o de la opinión de los demás.
Ver taller de autoestimaPreguntas frecuentes sobre inyecciones para adelgazar y psicología
¿Las inyecciones para adelgazar necesitan supervisión médica?
Sí. Este tipo de medicación debe estar prescrita y supervisada por un profesional médico. No debería iniciarse, modificarse o suspenderse por cuenta propia.
¿Es recomendable también apoyo psicológico?
Puede ser especialmente recomendable cuando existen ansiedad, atracones, comer emocional, miedo intenso a engordar, culpa con la comida, antecedentes de trastornos alimentarios, problemas importantes de imagen corporal o dificultad para mantener cambios de una manera flexible. La intervención psicológica complementa el tratamiento médico, pero no lo sustituye.
¿Ozempic, Wegovy y Mounjaro son lo mismo?
No. Son medicamentos diferentes y sus principios activos, mecanismos e indicaciones pueden variar. Que aparezcan juntos en conversaciones sobre pérdida de peso no significa que sean intercambiables. La elección de un tratamiento corresponde siempre al profesional médico.
¿La medicación elimina los atracones?
Una reducción del apetito no sustituye una evaluación psicológica cuando existen episodios repetidos de pérdida de control. Los atracones requieren comprender qué sucede antes, durante y después de los episodios y qué variables psicológicas o alimentarias los están manteniendo.
¿Qué ocurre si me da miedo volver a engordar?
Ese miedo es relativamente frecuente en personas que han pasado por muchos procesos de pérdida y recuperación de peso. Cuando condiciona demasiado la alimentación, la vida social o el estado de ánimo, conviene trabajarlo psicológicamente sin abandonar el seguimiento médico.
¿Puede seguir habiendo problemas de imagen corporal después de adelgazar?
Sí. El cambio físico no siempre produce de manera automática un cambio equivalente en la forma de percibirse. Algunas personas continúan siendo muy críticas con su cuerpo incluso después de una pérdida importante de peso.
¿Qué pasa si vuelve el hambre?
Sentir hambre no significa haber fracasado. Si existe un cambio en el tratamiento debe consultarse siempre con el profesional médico. Desde la psicología puede trabajarse la tolerancia al apetito, la diferencia entre hambre física y emocional y una relación más flexible con la comida.
¿Puedo dejar la medicación cuando llegue al peso que quiero?
Esa decisión debe tomarse con el médico responsable. No conviene modificar ni interrumpir un tratamiento farmacológico por cuenta propia. Psicológicamente puede ser útil preparar el mantenimiento y trabajar los temores relacionados con posibles cambios de apetito o de peso.
¿La obesidad se debe simplemente a comer demasiado?
No. La obesidad es multifactorial y pueden intervenir variables biológicas, médicas, sociales, ambientales, conductuales y psicológicas. Reducirla únicamente a la fuerza de voluntad es una simplificación.
La verdadera pregunta no es solamente cuánto peso has perdido
Los tratamientos médicos para el control del peso han supuesto una nueva posibilidad terapéutica para muchas personas y pueden ser una herramienta importante cuando existe una indicación adecuada.
No tiene sentido demonizarlos.
Tampoco tiene sentido convertirlos en una promesa estética o en una solución que deba utilizarse sin supervisión.
El tratamiento farmacológico necesita seguimiento médico.
Y cuando aparecen variables emocionales, alimentarias o relacionadas con el cuerpo, resulta recomendable incorporar también supervisión y acompañamiento psicológico.
A medida que una persona pierde peso, conviene mirar algo más que la báscula.
¿Está comiendo de una forma más flexible?
¿Ha aprendido a reconocer su hambre?
¿Sigue sintiendo culpa?
¿Ha disminuido la ansiedad?
¿Puede comer con otras personas sin miedo?
¿Sabe manejar el estrés sin recurrir automáticamente a la comida?
¿Está construyendo hábitos?
¿Se siente más libre o simplemente más vigilante?
¿Puede aceptar pequeñas variaciones del cuerpo?
¿Sigue pensando que para ser aceptado tiene que estar delgado?
Todas estas preguntas forman parte de la salud.
La mejor evolución no es necesariamente aquella en la que la báscula muestra el número más bajo.
También importa que la persona tenga más autonomía, menos miedo, hábitos más realistas y una relación más amable con su cuerpo.
Por eso, cuando hablamos de inyecciones para adelgazar, defendemos un enfoque prudente y coordinado: tratamiento médico correctamente indicado y supervisado, y acompañamiento psicológico siempre que la relación con la comida, el cuerpo, el peso o las emociones lo requiera.
¿Necesitas apoyo psicológico durante un tratamiento para perder peso?
Si estás siguiendo un tratamiento médico para adelgazar y notas ansiedad, atracones, culpa al comer, miedo a recuperar peso, dificultad para mantener hábitos o problemas con tu imagen corporal, podemos valorar contigo la parte psicológica del proceso.
Nuestro trabajo psicológico complementa la atención sanitaria. La indicación, el seguimiento y cualquier modificación de la medicación deben mantenerse siempre bajo supervisión médica.
Solicitar cita o pedir información






