Psicología alimentaria en Cantabria: mejora tu relación con la comida
La psicología alimentaria en Cantabria puede ayudarte cuando comer deja de ser algo cotidiano y empieza a estar acompañado de ansiedad, culpa, pérdida de control, miedo a engordar, preocupación constante por el peso o una sensación repetida de fracaso con las dietas.
En nuestro centro trabajamos la relación entre alimentación, emociones, pensamientos, hábitos e imagen corporal. No sustituimos al médico ni al profesional de nutrición cuando su intervención es necesaria, sino que abordamos la parte psicológica que puede estar influyendo en cómo comes, cómo te relacionas con tu cuerpo y cómo mantienes determinados cambios.
Realizamos terapia psicológica individual con jóvenes mayores de 16 años y adultos, de forma presencial en Santander y online cuando el caso lo permite.
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Muchas personas consultan porque están cansadas de vivir pendientes de la comida, las dietas o el peso, porque comen de forma diferente cuando están nerviosas o porque sienten que su relación con la alimentación se ha convertido en una fuente constante de malestar.
¿Qué es la psicología alimentaria?
La psicología de la alimentación estudia y trabaja los factores psicológicos que influyen en nuestra forma de comer y en la relación que mantenemos con los alimentos, el peso y el propio cuerpo.
También se utiliza con frecuencia el término psiconutrición para referirse a un enfoque que integra aspectos relacionados con psicología y nutrición.
Esto no significa que un psicólogo sustituya a un nutricionista.
Cada profesional tiene funciones diferentes.
El profesional de nutrición puede valorar necesidades nutricionales y diseñar las pautas dietéticas que correspondan. El profesional de psicología trabaja los pensamientos, emociones, conductas, dificultades de regulación, rigidez, autoestima, imagen corporal o patrones que pueden estar influyendo en el comportamiento alimentario.
Ambas áreas pueden complementarse cuando la situación lo requiere.
En otros casos, la persona no necesita una intervención nutricional específica y la dificultad se concentra principalmente en la relación emocional y psicológica con la comida.
¿Cuándo puede ayudar un psicólogo de la alimentación?
No existe un único motivo de consulta.
Algunas personas llegan después de años realizando dietas.
Otras sienten que utilizan la comida para tranquilizarse.
Algunas tienen episodios en los que sienten que pierden el control.
Otras viven pendientes del peso, las calorías o de si han comido “bien” o “mal”.
También hay personas que están siguiendo correctamente un tratamiento médico o nutricional pero encuentran dificultades emocionales para mantener determinados cambios.
Un psicólogo alimenticio —expresión que muchas personas utilizan al buscar este tipo de ayuda— trabaja precisamente esa dimensión psicológica relacionada con la alimentación.
- ansiedad relacionada con la comida;
- culpa después de comer;
- comer para calmar emociones;
- sensación de pérdida de control;
- atracones o episodios de ingesta compulsiva;
- miedo a determinados alimentos;
- preocupación excesiva por el peso;
- rechazo o malestar con el cuerpo;
- dietas repetidas y frustración;
- rigidez entre alimentos “buenos” y “malos”;
- dificultad para mantener hábitos de forma flexible;
- miedo a recuperar peso después de adelgazar;
- necesidad de acompañamiento psicológico durante tratamientos médicos o nutricionales.
Psicólogo nutricional, psicólogo alimenticio o psiconutricionista: ¿es lo mismo?
Las personas utilizan diferentes expresiones para buscar ayuda relacionada con alimentación y psicología.
En Search Console aparecen búsquedas como psicólogo nutricional, psicólogo alimenticio, psiconutricionista, psicóloga de la alimentación o psicólogo especialista en psiconutrición.
Son términos de uso habitual en internet, aunque pueden resultar algo confusos porque psicología y nutrición son profesiones distintas.
En nuestro caso hablamos principalmente de psicología de la alimentación: intervención psicológica sobre los factores emocionales, cognitivos y conductuales que están relacionados con la forma de comer.
No elaboramos dietas ni sustituimos una valoración nutricional cuando esta es necesaria.
Si una persona necesita un plan nutricional específico, ese trabajo corresponde al profesional adecuado.
Desde psicología podemos ayudar, por ejemplo, cuando la persona conoce las recomendaciones que debería seguir pero la ansiedad, la culpa, la pérdida de control, el perfeccionismo o una relación difícil con el cuerpo están interfiriendo.
No son disciplinas contradictorias. Cuando una situación requiere ambos abordajes, cada profesional trabaja desde su área y la coordinación puede ayudar a ofrecer una intervención más completa.
Emociones y alimentación: una relación que no siempre es sencilla
Comer no es un comportamiento completamente independiente de nuestras emociones.
Las situaciones de estrés, cansancio, ansiedad, tristeza, aburrimiento o preocupación pueden modificar temporalmente el apetito y nuestras elecciones alimentarias.
Algunas personas comen menos cuando están nerviosas.
Otras sienten más necesidad de picar o recurrir a determinados alimentos.
Esto forma parte de la variabilidad normal del comportamiento humano y no significa automáticamente que exista un problema psicológico.
La dificultad aparece cuando comer se convierte de manera recurrente en una de las principales estrategias para regular el malestar.
Puede producirse entonces un patrón parecido a este:
-
Aparece una emoción desagradable.
Estrés, ansiedad, aburrimiento, enfado, soledad, cansancio o frustración. -
La comida ofrece alivio inmediato.
Durante unos minutos disminuye el malestar o se desvía la atención. -
Después aparece culpa o arrepentimiento.
La persona interpreta lo ocurrido como una falta de control o un fracaso. -
Se intenta compensar.
Puede aparecer una nueva dieta, una restricción excesiva o la decisión de “mañana no comer”. -
Aumenta nuevamente la vulnerabilidad.
La restricción, el estrés y la culpa pueden facilitar que el patrón vuelva a repetirse.
Trabajar psicológicamente este ciclo no consiste en prohibir determinados alimentos.
Consiste en comprender qué mantiene el patrón y desarrollar formas más flexibles de relacionarse con la alimentación y con las emociones.
Si esta dificultad es la principal, puedes ampliar información en nuestra página sobre comer por estrés y ansiedad .
¿Qué es el hambre emocional?
El término hambre emocional se utiliza para describir aquellas situaciones en las que el deseo de comer está muy relacionado con una emoción y no únicamente con una necesidad fisiológica de alimento.
Puede aparecer después de una discusión, al llegar cansado a casa, durante una época de estrés o en momentos de aburrimiento.
Conviene no convertirlo en una etiqueta rígida.
El hambre física y los factores emocionales pueden coexistir.
Además, comer por motivos emocionales de manera ocasional no significa que exista una enfermedad.
Lo que merece atención es que la persona sienta que necesita recurrir repetidamente a la comida para encontrarse mejor, que exista pérdida de control o que después aparezcan culpa y sufrimiento.
En terapia podemos trabajar la identificación de emociones, las situaciones desencadenantes, el diálogo interno y otras formas de manejar el malestar.
Comer compulsivamente y perder el control
Una de las razones frecuentes para acudir a consulta es la sensación de no poder parar una vez que se empieza a comer.
A veces la persona habla de “atracón” para describir cualquier comida más abundante de lo previsto.
Es importante diferenciarlo.
Comer mucho en una ocasión especial, picar más durante una etapa de estrés o romper una dieta no significa automáticamente tener un trastorno por atracón.
En un atracón clínicamente relevante existe una sensación marcada de pérdida de control y deben valorarse además otras características, frecuencia, contexto y malestar.
Por eso evitamos diagnosticar basándonos únicamente en expresiones como “ayer me di un atracón”.
Cuando los episodios se repiten, generan vergüenza, se realizan a escondidas o condicionan la vida diaria, conviene realizar una valoración más específica.
Disponemos de una página diferenciada sobre trastorno por atracón , donde explicamos con mayor profundidad sus características.
Dietas, frustración y sensación de fracaso
Muchas personas llegan a consulta después de haber realizado numerosas dietas.
Algunas han conseguido perder peso varias veces y posteriormente lo han recuperado.
Otras sienten que conocen perfectamente qué deberían hacer pero tienen enormes dificultades para mantenerlo.
En estos casos es frecuente que el problema se interprete como falta de voluntad.
“Sé lo que tengo que hacer, pero no soy capaz”.
Ese pensamiento suele aumentar todavía más la culpa.
Desde psicología podemos analizar qué ocurre alrededor de esos intentos de cambio.
A veces existe una estrategia excesivamente rígida que resulta difícil de sostener.
A veces los objetivos son poco realistas.
En otras ocasiones la alimentación está muy ligada al estrés o al cansancio.
También puede haber pensamientos de todo o nada: “si hoy no lo he hecho perfecto, ya he estropeado la semana”.
Trabajar estos patrones puede ayudar a desarrollar una relación menos extrema con los cambios de hábitos.
Es más útil analizar qué hace difícil sostener el cambio que convertir cada desviación en una valoración negativa sobre uno mismo.
Psicología alimentaria y pérdida de peso
La psicología no es un tratamiento destinado simplemente a hacer adelgazar.
El peso corporal está influido por múltiples factores y no debe reducirse a una explicación psicológica.
Cuando una persona desea perder peso por razones médicas o personales, puede ser necesario un seguimiento sanitario o nutricional adecuado.
La intervención psicológica puede complementar ese proceso cuando existen dificultades como ansiedad con la comida, desmotivación, perfeccionismo, frustración, rechazo corporal, miedo a recuperar peso o problemas para mantener hábitos.
También puede ser importante trabajar expectativas.
Algunas personas esperan que adelgazar resuelva automáticamente problemas de autoestima, relaciones o seguridad personal.
Cuando esas expectativas no se cumplen, puede aparecer decepción aunque el tratamiento médico o nutricional esté funcionando correctamente.
Apoyo psicológico durante tratamientos médicos para adelgazar
En los últimos años han aumentado las consultas de personas que realizan tratamientos médicos dirigidos a la pérdida de peso.
Estos tratamientos deben estar siempre indicados y supervisados por un profesional médico.
Desde psicología no prescribimos medicamentos, no modificamos dosis y no indicamos cuándo comenzar o suspender un tratamiento.
Nuestro papel es diferente.
Podemos acompañar los aspectos psicológicos que aparecen antes, durante o después del proceso.
- cambios en la relación con la comida;
- miedo a recuperar peso;
- ansiedad ante determinadas comidas;
- dificultad para mantener hábitos;
- cambios en la imagen corporal;
- expectativas poco realistas;
- sentimiento de culpa cuando el peso cambia;
- adaptación emocional al cambio corporal;
- preocupación excesiva por los resultados.
Puedes ampliar este tema en nuestra página sobre apoyo psicológico durante tratamientos médicos para adelgazar .
Autoestima e imagen corporal
La relación con la comida suele estar conectada, en algunos casos, con la forma en que la persona percibe su cuerpo.
Esto no significa que todo problema de autoestima provoque dificultades alimentarias.
Tampoco que una persona tenga que aprender necesariamente a sentirse satisfecha con todas las características de su cuerpo en todo momento.
El objetivo es desarrollar una relación menos dañina con la propia imagen.
Podemos trabajar aspectos como la comparación constante, la necesidad de aprobación, las comprobaciones corporales, el rechazo de fotografías, la evitación de determinadas prendas o la sensación de que el valor personal depende excesivamente del aspecto.
Las redes sociales también pueden incrementar la comparación.
La exposición repetida a cuerpos seleccionados, editados o presentados desde ángulos favorecedores puede hacer que la persona utilice referencias poco realistas para evaluarse.
No se trata de demonizar las redes sociales, sino de analizar cómo está influyendo su uso en cada persona.
Sobrepeso y obesidad: evitar explicaciones simplistas
El sobrepeso y la obesidad no pueden explicarse únicamente desde la psicología.
El peso corporal es el resultado de múltiples factores que pueden incluir genética, metabolismo, condiciones médicas, medicamentos, contexto social, hábitos, sueño, actividad física, alimentación y variables psicológicas.
Por eso evitamos expresiones como “el sobrepeso es emocional”.
Algunas personas con obesidad pueden presentar dificultades emocionales relacionadas con la comida y otras no.
Del mismo modo, una persona con un peso considerado normativo puede tener una relación muy problemática con la alimentación.
Cuando existe obesidad y además aparecen ansiedad con la comida, culpa, episodios de pérdida de control o rechazo corporal, la psicología puede formar parte de un abordaje más amplio.
Puedes ampliar información en nuestra página sobre obesidad y apoyo psicológico .
Psiconutrición y trastornos de la alimentación no son sinónimos
Otra confusión frecuente consiste en pensar que cualquier persona que acude a psiconutrición tiene un trastorno de la conducta alimentaria.
No es así.
Una persona puede solicitar ayuda simplemente porque se siente atrapada entre dietas, culpa y ansiedad.
Puede querer comprender por qué come de determinada forma cuando está estresada.
Puede necesitar apoyo para manejar cambios en el peso o en el cuerpo.
O puede presentar un TCA que sí requiere un abordaje más específico.
Diferenciar estas situaciones es importante.
Los trastornos de la alimentación, como anorexia nerviosa, bulimia nerviosa o trastorno por atracón, requieren evaluación clínica y en muchos casos atención multidisciplinar.
Cuando existen síntomas compatibles con un TCA, nuestro objetivo no es reducir el problema a “aprender a comer mejor”.
Puedes consultar nuestra página específica sobre trastornos alimenticios y trastornos de la alimentación .
¿Qué ocurre cuando aparecen vómitos, purgas o restricciones importantes?
Estas conductas requieren especial atención.
Provocarse el vómito no es un método seguro ni adecuado para controlar el peso.
Puede producir consecuencias médicas y formar parte de un trastorno alimentario.
Lo mismo ocurre con el uso inadecuado de laxantes, diuréticos, ayunos prolongados u otras estrategias compensatorias.
Si existen estas conductas, la intervención no debería centrarse únicamente en una dieta o en “controlar mejor” la comida.
Es necesario valorar qué está ocurriendo y el posible riesgo físico asociado.
Si existen vómitos repetidos, mareos, desmayos, debilidad marcada, deshidratación, cambios importantes de peso o deterioro físico, debe realizarse una valoración sanitaria. La terapia psicológica no sustituye el seguimiento médico que pueda ser necesario.
Creencias frecuentes sobre alimentación, peso y control
Parte del trabajo psicológico consiste en revisar ideas que pueden aumentar la culpa o mantener patrones poco saludables.
“Si tengo fuerza de voluntad, debería poder controlarlo”
La conducta alimentaria está influida por muchos factores. Reducir un problema complejo a fuerza de voluntad suele aumentar la culpa sin ayudar a comprender qué está ocurriendo.
“Si adelgazo, me sentiré bien conmigo”
El peso puede ser importante para algunas personas, pero la autoestima y el bienestar emocional no dependen únicamente de una cifra corporal.
“He roto la dieta, así que ya da igual”
Este pensamiento de todo o nada puede convertir una pequeña desviación en varios días de abandono y culpa. Trabajar flexibilidad suele ser más útil.
“Hay alimentos que no debería comer nunca”
Cuando no existe una indicación médica, clasificar continuamente los alimentos como absolutamente buenos o malos puede aumentar rigidez y preocupación.
¿Cómo trabajamos en terapia?
El proceso depende de las dificultades y necesidades de cada persona.
No existe un protocolo idéntico para todos.
En una primera fase intentamos comprender qué relación existe entre alimentación, emociones, pensamientos, cuerpo y contexto.
-
Evaluamos la situación actual.
Qué ocurre con la comida, desde cuándo, qué situaciones lo desencadenan y cuánto está afectando al día a día. -
Analizamos patrones.
Restricción, descontrol, culpa, evitación, comparación, pensamientos extremos o uso de la comida para regular emociones. -
Trabajamos regulación emocional.
Identificamos otras maneras de manejar estrés, frustración, ansiedad o aburrimiento. -
Revisamos creencias.
Pensamientos de todo o nada, perfeccionismo, reglas rígidas y valoraciones negativas sobre el propio cuerpo. -
Trabajamos autoestima e imagen corporal cuando es necesario.
Especialmente si el peso o la apariencia tienen un peso excesivo en la valoración personal. -
Coordinamos con otros profesionales cuando procede.
El seguimiento médico y nutricional puede ser necesario y complementario a la intervención psicológica.
Psicología alimentaria en Cantabria: atención presencial en Santander
La consulta presencial se realiza en Santander.
Atendemos a personas que buscan ayuda psicológica por dificultades relacionadas con alimentación, ansiedad, peso, cuerpo, hábitos o mantenimiento de cambios.
Si buscas psicología alimentaria en Cantabria, en nuestro centro de Santander ofrecemos un espacio de terapia psicológica individual para abordar la relación con la comida, el cuerpo, las emociones y los hábitos.
Queremos dejar claro qué ofrecemos y también qué aspectos corresponden a otros profesionales.
Se trata de terapia psicológica individual.
No sustituye a la consulta médica ni nutricional.
Cuando una persona necesita atención en varias áreas, es posible trabajar de forma coordinada con los profesionales correspondientes.
Nuestro objetivo es que la persona pueda comprender mejor su relación con la comida y desarrollar estrategias adaptadas a lo que está ocurriendo realmente.
¿Y si no sé exactamente qué me pasa?
No necesitas llegar a consulta con un diagnóstico.
Tampoco tienes que saber si lo que te ocurre es hambre emocional, ansiedad con la comida, un trastorno por atracón o simplemente una etapa de desorganización.
Precisamente una valoración psicológica sirve para ordenar la información.
Hay personas que llegan diciendo:
Ese malestar ya merece ser escuchado.
A veces la intervención será breve y centrada en un problema concreto.
En otros casos aparecerán dificultades que necesitan un trabajo terapéutico más amplio.
Y en situaciones compatibles con un trastorno alimentario será necesario plantear el abordaje clínico adecuado.
¿Cuándo puede ser recomendable pedir ayuda?
No es necesario esperar a que la situación se vuelva extrema.
- piensas demasiado en comida, peso o calorías;
- sientes culpa después de comer;
- utilizas la comida para calmar emociones de forma frecuente;
- has realizado muchas dietas y sientes que siempre vuelves al mismo punto;
- pasas de controlar mucho a sentir que pierdes el control;
- evitas determinados alimentos por miedo más que por una indicación médica;
- tu autoestima depende demasiado de cómo ves tu cuerpo;
- te preocupa recuperar peso;
- estás realizando un tratamiento médico o nutricional y necesitas apoyo psicológico;
- tu relación con la comida está afectando a tu vida cotidiana.
Psiconutrición: qué puede aportar y qué no
La palabra psiconutrición se utiliza cada vez más para describir el trabajo que se realiza cuando alimentación y psicología se cruzan. Para algunas personas es una forma sencilla de explicar que no necesitan únicamente saber qué comer, sino comprender por qué determinados cambios resultan tan difíciles de mantener, qué ocurre emocionalmente alrededor de la comida o por qué el peso y el cuerpo ocupan tanto espacio mental.
En nuestro centro utilizamos el término de forma práctica, pero diferenciando con claridad las funciones profesionales. La intervención psicológica no sustituye una valoración nutricional, no prescribe dietas y no modifica tratamientos médicos. Trabajamos la parte emocional, cognitiva y conductual que puede estar relacionada con la alimentación.
Por ejemplo, una persona puede disponer de una pauta nutricional adecuada y, aun así, descubrir que cada situación de estrés termina en picoteo constante, que se exige cumplir el plan de manera perfecta o que interpreta cualquier cambio como un fracaso. En ese caso, saber más sobre nutrición no siempre resuelve por sí solo el problema, porque la dificultad principal puede encontrarse en otro lugar.
También puede ocurrir lo contrario. Una persona puede sentirse mal con su alimentación y pensar que todo es ansiedad cuando en realidad necesita revisar cuestiones médicas, digestivas, metabólicas o nutricionales. Por eso es importante no explicar automáticamente cualquier cambio en el apetito o el peso desde la psicología.
Significa valorar qué factores psicológicos están presentes y trabajar únicamente aquellos que realmente forman parte de la dificultad, respetando el papel del resto de profesionales cuando son necesarios.
En algunos procesos el objetivo será reducir la culpa y flexibilizar normas rígidas. En otros será aprender a identificar situaciones que desencadenan una pérdida de control, trabajar la imagen corporal o sostener cambios prescritos médicamente sin vivirlos desde la exigencia constante.
También hay personas que utilizan la búsqueda “psiconutricionista” o “psicólogo nutricional” porque no saben exactamente qué profesional necesitan. La primera entrevista sirve también para aclarar esa necesidad. Si la demanda corresponde a psicología, podemos trabajarla. Si requiere una valoración nutricional o médica específica, esa parte debe realizarse con el profesional correspondiente.
Cuando pensar en la comida ocupa demasiado espacio
No siempre es fácil identificar cuándo una preocupación razonable por la alimentación está empezando a convertirse en una fuente de desgaste. Muchas personas continúan trabajando, estudiando, cuidando de su familia y haciendo vida cotidiana mientras dedican una cantidad enorme de energía mental a decidir qué pueden comer, qué deberían evitar o cómo compensar lo que hicieron el día anterior.
El problema no se mide únicamente por la cantidad de comida. También importa cuánto tiempo ocupa el tema en la cabeza y cuánto condiciona las decisiones.
Puede aparecer una revisión constante del cuerpo, necesidad de pesarse con frecuencia, comparación con otras personas, preocupación por una comida social, anticipación de lo que habrá en un restaurante o dificultad para disfrutar de un plan porque toda la atención está centrada en si se está comiendo “bien”.
En ocasiones la persona no identifica esta preocupación como un problema porque lleva años funcionando así. Puede pensar que “todo el mundo se controla” o que sentirse culpable después de comer ciertos alimentos es simplemente la consecuencia normal de cuidarse.
En terapia podemos analizar si esas reglas están ayudando realmente a cuidar la salud o si, por el contrario, están aumentando ansiedad, rigidez y conflicto con la alimentación.
- planificas gran parte del día alrededor de lo que vas a comer;
- te cuesta improvisar una comida sin sentir inquietud;
- te juzgas de forma negativa después de comer determinados alimentos;
- aplazas planes sociales porque no sabes qué comida habrá;
- te pesas o compruebas tu cuerpo de manera repetitiva;
- necesitas “compensar” después de una comida que consideras excesiva;
- pasas de periodos de gran control a momentos de cansancio o descontrol;
- tu estado de ánimo cambia demasiado en función de lo que has comido o de lo que marca la báscula.
Estas señales no implican por sí solas un diagnóstico. Son indicadores de que puede ser útil explorar qué relación se está estableciendo con la comida, el cuerpo y el control.
La diferencia entre cuidarse y vivir bajo reglas alimentarias rígidas
Cuidar la alimentación puede formar parte de un estilo de vida saludable. La dificultad aparece cuando ese cuidado deja de ser flexible y empieza a convertirse en una estructura de reglas que la persona siente que no puede romper.
Una regla rígida suele expresarse en términos absolutos: “esto nunca”, “a partir de las seis no puedo comer”, “si como esto tengo que entrenar”, “si hoy me paso mañana tengo que compensar”. El problema no está únicamente en la frase, sino en la ansiedad que puede generar incumplirla.
La flexibilidad, en cambio, permite adaptar las decisiones al contexto. Un cumpleaños, un viaje, una semana de mucho trabajo o una enfermedad pueden modificar temporalmente la forma de comer sin que eso se interprete como un fracaso personal.
Desde psicología podemos trabajar el pensamiento de todo o nada que muchas veces mantiene estos ciclos. Una comida distinta no invalida una semana completa; un cambio de peso no define el valor de la persona; no cumplir un objetivo de forma perfecta no convierte el proceso en inútil.
Este trabajo resulta especialmente importante cuando la persona ha acumulado años de dietas restrictivas y cada nuevo intento comienza con mucha exigencia. La motivación inicial puede ser alta, pero si el plan mental es demasiado rígido, cualquier desviación puede vivirse como una derrota y facilitar el abandono.
Psicología alimentaria en diferentes momentos de la vida
La relación con la comida puede cambiar a lo largo de la vida. No tiene por qué existir el mismo problema a los 18 años que a los 35, después de un embarazo, durante la menopausia, en una etapa de enfermedad, tras un cambio laboral o cuando se inicia un tratamiento médico.
También pueden cambiar las prioridades. Algunas personas consultan porque desean dejar de luchar continuamente contra su cuerpo. Otras porque quieren cuidar su salud sin volver a entrar en una dinámica de dietas extremas. Otras porque han recibido una indicación médica y necesitan integrar cambios importantes sin vivirlos desde el miedo.
Por eso evitamos plantear objetivos universales. El trabajo psicológico debe adaptarse a la historia de la persona, su situación física, sus necesidades reales y el contexto en el que está intentando cambiar.
En jóvenes mayores de 16 años prestamos especial atención a la presión social, la comparación, la construcción de la imagen corporal y los mensajes que reciben sobre peso y alimentación. En adultos pueden aparecer además años de experiencias previas con dietas, cambios hormonales, enfermedades, medicación o responsabilidades familiares que modifican la relación con la comida.
El objetivo no es perseguir una forma ideal de comer, sino comprender qué está generando malestar y trabajar sobre los factores psicológicos que pueden modificarse.
Recursos complementarios que pueden ayudarte
Algunos recursos de nuestro ecosistema pueden servir como complemento cuando la dificultad con la comida está muy relacionada con autoestima o ansiedad. No sustituyen una valoración psicológica ni un tratamiento individual cuando este es necesario.
Aprender a querer(me)
Taller centrado en autoestima y relación con uno mismo. Puede resultar especialmente útil cuando la imagen corporal y la autovaloración están ocupando demasiado espacio en el malestar cotidiano.
Ver taller
Vence al dragón: controla tu ansiedad
Recurso complementario para personas en las que la ansiedad está teniendo un peso importante. Puede ser útil cuando el estrés o la activación emocional también están influyendo en la forma de comer.
Ver taller
Terapia individual para mayores de 16 años
Atendemos mediante terapia psicológica individual a jóvenes mayores de 16 años y adultos.
La intervención puede realizarse de forma presencial en Santander o mediante terapia online cuando la situación clínica permite esta modalidad.
La terapia online permite realizar el proceso desde otras localidades de Cantabria o desde fuera de la comunidad sin necesidad de desplazarse.
Cuando existen síntomas físicos, un TCA grave o necesidades médicas específicas, valoramos siempre si el caso requiere además atención presencial o coordinación con otros profesionales sanitarios.
Consultar disponibilidadPreguntas frecuentes sobre psicología alimentaria y psiconutrición
¿Qué es la psicología alimentaria?
Es el área de la psicología que aborda los pensamientos, emociones y conductas relacionados con la alimentación, los hábitos, el peso y la imagen corporal.
¿Qué es la psiconutrición?
Psiconutrición es un término utilizado para describir un enfoque que relaciona factores psicológicos y nutricionales. Desde nuestro centro trabajamos específicamente la parte psicológica, coordinándonos con profesionales sanitarios o de nutrición cuando es necesario.
¿Un psicólogo nutricional hace dietas?
No necesariamente. La elaboración de pautas nutricionales corresponde al profesional de nutrición. Desde psicología trabajamos emociones, pensamientos, hábitos, pérdida de control, autoestima, imagen corporal y otros factores psicológicos asociados a la alimentación.
¿Necesito tener un trastorno alimentario para consultar?
No. Muchas personas solicitan ayuda por ansiedad con la comida, culpa, dietas repetidas, insatisfacción corporal o dificultad para mantener cambios sin presentar necesariamente un TCA.
¿Comer por ansiedad significa tener un TCA?
No. Comer de forma diferente ante el estrés o la ansiedad puede aparecer sin que exista un trastorno alimentario. Conviene valorar la frecuencia, intensidad, sensación de control y repercusión.
¿Puede ayudar la psicología durante un tratamiento para adelgazar?
Sí, cuando existen dificultades relacionadas con ansiedad, hábitos, imagen corporal, miedo a recuperar peso, expectativas o mantenimiento de cambios. El tratamiento médico debe estar siempre indicado y supervisado por el profesional correspondiente.
¿Psicología alimentaria y nutrición son lo mismo?
No. Son áreas diferentes y complementarias. Psicología trabaja los factores psicológicos; nutrición aborda las necesidades y pautas nutricionales propias de su profesión.
¿Atendéis a adolescentes?
Realizamos terapia individual con jóvenes mayores de 16 años. Si la dificultad se centra específicamente en un adolescente, también disponemos de información sobre problemas de alimentación en adolescentes.
¿Se puede hacer terapia online?
Sí, siempre que las características del caso permitan esta modalidad. Ofrecemos atención presencial en Santander y terapia online.
¿Cuándo hay que consultar también con un médico?
Ante pérdida importante de peso, vómitos repetidos, desmayos, debilidad, deshidratación, síntomas físicos persistentes o deterioro del estado general es necesaria una valoración sanitaria.
¿La comida se ha convertido en una fuente de preocupación?
Si sientes ansiedad, culpa, pérdida de control, preocupación constante por el peso o el cuerpo, o llevas mucho tiempo intentando cambiar tu alimentación sin conseguir una relación tranquila con la comida, podemos realizar una primera valoración psicológica.
Ofrecemos terapia individual para mayores de 16 años, presencialmente en Santander y online cuando el caso lo permite.
Solicitar cita o informaciónContenido informativo. No sustituye una valoración médica, nutricional o psicológica individualizada. Ante síntomas físicos, cambios importantes de peso o tratamientos médicos relacionados con la pérdida de peso, es necesario seguir las indicaciones de los profesionales sanitarios correspondientes.

