
Trauma agudo: síntomas, shock emocional y qué ocurre después de una experiencia traumática
Un trauma agudo puede aparecer después de una experiencia que se vive con una intensa sensación de amenaza, indefensión, pérdida de control o peligro. Durante los primeros días es posible experimentar miedo, confusión, recuerdos que aparecen sin buscarlos, problemas para dormir, sobresaltos, sensación de irrealidad o una necesidad intensa de evitar todo aquello que recuerda lo sucedido.
No todas estas reacciones significan automáticamente que exista un trastorno psicológico. Después de un acontecimiento especialmente impactante, el organismo puede permanecer temporalmente en un estado de alerta elevado mientras intenta recuperar una sensación de seguridad.
En muchas personas estas respuestas disminuyen gradualmente. En otras, sin embargo, los síntomas mantienen una intensidad importante, interfieren con el trabajo, las relaciones, el descanso o la capacidad para retomar la vida cotidiana.
Conviene diferenciar varias expresiones que a menudo se utilizan como si fueran equivalentes: trauma agudo, shock emocional, reacción aguda al estrés, trastorno de estrés agudo y trastorno de estrés postraumático.
¿Qué es un trauma agudo?
Cuando hablamos de trauma agudo nos referimos al impacto psicológico cercano en el tiempo a una experiencia especialmente intensa.
El término trauma se utiliza mucho en el lenguaje cotidiano. Sin embargo, desde el punto de vista psicológico conviene diferenciar entre el acontecimiento y la respuesta que aparece después.
Un mismo acontecimiento no produce necesariamente la misma respuesta en todas las personas.
Una persona puede experimentar durante unos días miedo, dificultades para dormir y recuerdos muy presentes, pero recuperar gradualmente su funcionamiento habitual.
Otra puede permanecer durante semanas con una sensación intensa de peligro, evitar situaciones relacionadas con lo sucedido, sentir que vuelve a vivir determinados momentos o experimentar una sensación persistente de desconexión.
Por esta razón no puede determinarse la existencia de un trauma únicamente por la gravedad aparente del acontecimiento.
También importa cómo se ha vivido, qué significado tiene para la persona, la sensación de control que pudo experimentar, las características del acontecimiento, el apoyo posterior y la evolución de los síntomas.
¿Qué situaciones pueden producir una reacción traumática aguda?
No existe una única experiencia capaz de producir este tipo de respuesta. Las situaciones potencialmente traumáticas pueden ser muy diferentes entre sí.
Accidentes
Un accidente grave, propio o presenciado, puede dejar durante un tiempo una intensa sensación de inseguridad.
Violencia o agresiones
Determinadas experiencias de violencia física, sexual o psicológica pueden alterar profundamente la sensación de seguridad.
Emergencias médicas
Una enfermedad grave, una intervención urgente o una situación en la que se ha temido por la propia vida o la de otra persona puede resultar traumática.
Catástrofes o situaciones extremas
Incendios, inundaciones, accidentes colectivos y otras situaciones en las que existe una amenaza intensa.
Pérdidas inesperadas
Determinadas circunstancias de una muerte inesperada pueden producir un impacto especialmente intenso.
Ser testigo
No siempre es necesario sufrir directamente lo ocurrido. Presenciar determinadas experiencias también puede tener un fuerte impacto.
Además del propio acontecimiento, influyen la proximidad, la repetición, la sensación de impotencia, el apoyo disponible después, la existencia de experiencias anteriores y la interpretación que la persona realiza de lo sucedido.
Síntomas del trauma agudo
Después de un acontecimiento traumático pueden aparecer respuestas emocionales, cognitivas, físicas y conductuales muy diferentes.
Algunas personas lloran. Otras permanecen aparentemente tranquilas. Algunas necesitan contar lo ocurrido repetidamente y otras no quieren hablar de ello.
No existe una única reacción correcta.
Trauma agudo y shock emocional: ¿son lo mismo?
La expresión shock emocional se utiliza habitualmente para describir la reacción inmediata ante una experiencia especialmente impactante.
La persona puede sentirse bloqueada, confundida, desorientada o incapaz de creer lo que acaba de suceder.
Algunas personas describen una sensación de estar funcionando de manera automática.
Otras sienten que lo ocurrido parece irreal, como si estuvieran observándolo desde fuera.
También puede aparecer una respuesta aparentemente contraria: agitación intensa, llanto, miedo, necesidad de hablar o imposibilidad para permanecer quieto.
Estas respuestas pueden formar parte de una reacción inicial al estrés y no permiten por sí mismas establecer ningún diagnóstico.
En nuestra página específica sobre shock emocional explicamos con más detalle cuáles son sus manifestaciones y cómo diferenciarlo de otras respuestas posteriores al trauma.
Reacción traumática, trastorno de estrés agudo y estrés postraumático
Reacción aguda
Después de una experiencia muy intensa pueden aparecer miedo, confusión, problemas de sueño, recuerdos frecuentes o un incremento temporal de la vigilancia.
Estas respuestas pueden disminuir progresivamente sin constituir un trastorno.
Trastorno de estrés agudo
Es un diagnóstico específico que requiere valorar el tipo de exposición traumática, los síntomas presentes y la repercusión funcional.
Cuando se cumplen los criterios correspondientes, la duración se sitúa entre los tres días y el primer mes después del acontecimiento.
Estrés postraumático
Cuando determinados síntomas relacionados con un trauma persisten más allá del primer mes debe valorarse, entre otras posibilidades, la existencia de un trastorno de estrés postraumático.
No todas las personas que presentan síntomas agudos desarrollan posteriormente TEPT.
¿Qué puede ocurrir durante los primeros días y semanas?
Recuerdos intrusivos después de un trauma
Una de las experiencias que más desconcierta después de un acontecimiento traumático es que determinados recuerdos aparezcan sin buscarlos.
Puede tratarse de una imagen concreta, un sonido, una sensación corporal, una conversación o una escena determinada.
En ocasiones la persona no está pensando conscientemente en lo sucedido y algo presente en el entorno activa repentinamente el recuerdo.
Un olor puede recordarlo.
Una sirena.
Una determinada calle.
Una noticia.
Una fecha.
Una conversación.
El hecho de que aparezca el recuerdo no significa que la persona esté perdiendo el control.
La memoria de experiencias especialmente intensas puede permanecer durante un tiempo muy accesible y conectada con una respuesta de alarma.
Lo importante es observar cómo evoluciona.
Si los recuerdos van perdiendo intensidad y la persona recupera progresivamente su funcionamiento habitual, esa evolución puede formar parte de un proceso de adaptación.
Cuando permanecen muy intensos, producen un elevado sufrimiento o condicionan continuamente la conducta, conviene valorarlos.
Hipervigilancia y sensación permanente de amenaza
Después de una experiencia traumática algunas personas sienten que necesitan permanecer constantemente pendientes de lo que ocurre a su alrededor.
Ruidos
Se presta una atención excesiva a sonidos inesperados y pueden aparecer sobresaltos muy intensos.
Seguridad
La persona puede comprobar puertas, salidas o posibles vías de protección con mucha frecuencia.
Entorno
Existe una sensación de necesidad de observar continuamente lo que ocurre alrededor.
Sobresaltos
Un movimiento o un ruido repentino pueden producir una respuesta corporal extremadamente rápida.
Activación física
Palpitaciones, tensión muscular, sudoración o respiración acelerada pueden acompañar a la sensación de peligro.
Dificultad para descansar
Relajarse puede resultar difícil porque una parte de la persona continúa intentando mantenerse preparada.
Mantener continuamente este nivel de alerta puede resultar agotador.
El objetivo no consiste simplemente en decirse que «no pasa nada», sino en ir recuperando la capacidad para diferenciar entre un peligro actual y el recuerdo de un peligro que ya ha terminado.
¿Por qué después de un trauma aparece la evitación?
Si una situación ha provocado un miedo muy intenso, resulta comprensible que después exista una tendencia a mantenerse lejos de aquello que la recuerda.
La evitación puede dirigirse hacia lugares, personas, conversaciones, trayectos, actividades o noticias.
Pero también puede ser interna.
Algunas personas intentan no pensar en lo sucedido, bloquear cualquier emoción relacionada o evitar hablar de ello.
A corto plazo funciona.
Si no entro en ese lugar, disminuye mi ansiedad.
Si no hablo de lo sucedido, no me emociono.
Si no conduzco, no recuerdo el accidente.
El problema aparece cuando la evitación empieza a crecer.
Primero se evita una situación concreta.
Después varias.
Finalmente, parte de la vida puede organizarse alrededor de impedir que vuelva a aparecer la emoción.
eres tú
Trauma.
Valoramos qué consecuencias está teniendo una experiencia difícil y cómo están evolucionando.
Ansiedad.
Trabajamos miedo, hiperactivación, evitación y preocupación cuando interfieren con la vida.
Terapia individual.
El tratamiento se adapta a la persona, su historia y las características de lo ocurrido.
Primera valoración.
No necesitas saber qué diagnóstico tienes para consultar y explicar qué está sucediendo.
Podcast y test relacionados con trauma, ansiedad y estrés
Además del contenido de esta página, puedes utilizar estos recursos como complemento informativo. No sustituyen una valoración profesional, pero pueden ayudarte a identificar mejor algunas de las experiencias que estás atravesando.
Podcast: Trauma y EMDR
Un episodio centrado en trauma y en cómo determinadas experiencias pueden seguir influyendo después de que el acontecimiento haya terminado.
Puede resultar útil para comprender por qué algunos recuerdos, emociones o respuestas corporales continúan apareciendo incluso cuando racionalmente sabemos que ya estamos a salvo.
Escuchar podcastTest psicológico: ansiedad, depresión, estrés y obsesiones
Cuando una experiencia difícil se mantiene durante un tiempo, pueden aparecer síntomas de ansiedad, estrés, bajo estado de ánimo, preocupación constante o pensamientos repetitivos.
Este recurso permite realizar una primera exploración orientativa de diferentes áreas de malestar psicológico.
Realizar el testInformación sobre shock emocional
Si lo que predomina es el bloqueo, la confusión, la sensación de irrealidad o la impresión de no haber podido asimilar todavía lo sucedido, puedes ampliar información en nuestra página específica.
Leer sobre shock emocionalTrauma y estrés postraumático
Si ha pasado más tiempo y persisten recuerdos intrusivos, evitación, hipervigilancia, pesadillas o una sensación permanente de inseguridad, puedes consultar nuestra página general sobre trauma y estrés postraumático.
Ampliar informaciónTratamiento psicológico del trauma agudo
No todas las personas que atraviesan una experiencia traumática necesitan iniciar automáticamente un tratamiento psicológico.
En muchos casos existe una recuperación progresiva con el paso del tiempo, apoyo suficiente y recuperación de rutinas.
Sin embargo, puede resultar recomendable realizar una valoración cuando los síntomas son muy intensos, permanecen prácticamente sin cambios, aumentan o empiezan a condicionar significativamente la vida.
El tratamiento tampoco consiste necesariamente en hablar repetidamente de todos los detalles desde el primer momento.
En determinadas situaciones puede ser prioritario trabajar seguridad, estabilización, comprensión de lo que está ocurriendo, regulación emocional, descanso y recuperación de las actividades cotidianas.
Posteriormente, dependiendo de cada caso, pueden abordarse recuerdos traumáticos, pensamientos relacionados con culpa o responsabilidad, miedo, evitación y otras consecuencias de la experiencia.
La intervención debe adaptarse a cada persona.
No todas las experiencias requieren el mismo ritmo ni exactamente el mismo tipo de trabajo terapéutico.
¿Un trauma agudo termina siempre en estrés postraumático?
No.
Después de un acontecimiento traumático puede existir una reacción muy intensa y, aun así, producirse una recuperación progresiva.
Incluso cuando existe un trastorno de estrés agudo, esto no significa inevitablemente que vaya a desarrollarse posteriormente un trastorno de estrés postraumático.
La evolución depende de numerosos factores.
Las características de lo ocurrido.
La intensidad de la respuesta.
El apoyo del entorno.
La recuperación del sueño.
La existencia de experiencias traumáticas anteriores.
La evitación.
La sensación de seguridad.
La capacidad para ir recuperando actividades cotidianas.
Por esta razón conviene evitar mensajes deterministas.
Haber vivido algo traumático no significa quedar permanentemente traumatizado.
Tampoco experimentar síntomas intensos durante los primeros días significa que necesariamente vayan a mantenerse.
¿Cuándo conviene pedir ayuda después de un acontecimiento traumático?
No consigues descansar
El sueño está muy alterado o la sensación de alerta hace difícil dormir.
Los recuerdos son muy intensos
Las imágenes, pensamientos o sensaciones aparecen repetidamente y generan gran malestar.
Tu vida se está reduciendo
Cada vez evitas más lugares, personas, conversaciones o actividades.
Sigues permanentemente alerta
Te sobresaltas con mucha facilidad o sientes que necesitas estar continuamente preparado.
Te sientes desconectado
Existe una sensación persistente de irrealidad, aturdimiento o desconexión.
Está afectando a tu funcionamiento
Los síntomas interfieren claramente con trabajo, estudios, relaciones, descanso o actividades cotidianas.
Dudas habituales sobre trauma agudo
¿Qué significa trauma agudo?
¿Cuáles son los síntomas de un trauma agudo?
¿Trauma agudo y shock emocional son lo mismo?
¿Qué es el trastorno de estrés agudo?
¿Cuánto dura el trastorno de estrés agudo?
¿Después de un trauma agudo voy a tener estrés postraumático?
¿Es normal sentir que todo parece irreal?
¿Por qué no puedo dejar de pensar en lo sucedido?
¿Por qué me sobresalto tanto?
¿Cuándo debería pedir ayuda?
Si después de una experiencia traumática sigues sintiendo que el peligro continúa, comprender qué ocurre puede ser el primer paso
Recuerdos que aparecen sin buscarlos, pesadillas, miedo, evitación, hipervigilancia, dificultades para dormir o una sensación continua de inseguridad pueden hacer que la vida empiece a organizarse alrededor de lo sucedido.
Una valoración psicológica puede ayudar a comprender la respuesta que estás teniendo, valorar su evolución y establecer unos objetivos adaptados a tu situación.
Atendemos en Santander a adultos y jóvenes desde los 16 años.
Pedir cita
