Cambios en el sueño
Una modificación del horario de acostarse o levantarse puede alterar temporalmente la sensación de descanso, especialmente si ya existía cierta falta de sueño acumulada.



La expresión astenia primaveral se utiliza habitualmente para describir una sensación transitoria de cansancio, falta de energía, apatía o dificultad de concentración que algunas personas relacionan con la llegada de la primavera.
No se considera por sí misma una enfermedad ni un diagnóstico clínico independiente. Además, síntomas como cansancio, somnolencia, mareo, desgana o dificultad para concentrarse pueden aparecer por muchas causas diferentes.
Por eso es importante no atribuir automáticamente cualquier malestar que aparece entre marzo y junio a la primavera. Si los síntomas son intensos, persisten, aumentan o interfieren significativamente en la vida diaria, conviene valorar otras posibles explicaciones médicas o psicológicas.
El cansancio puede relacionarse con descanso insuficiente, cambios de horarios, estrés, enfermedades, medicación, alteraciones del sueño, estado de ánimo o numerosas circunstancias cotidianas. La época del año puede coincidir con el malestar sin ser necesariamente su causa.
La palabra astenia hace referencia de forma general a una sensación de debilidad, falta de fuerza o disminución de la energía.
Cuando hablamos específicamente de astenia primaveral nos referimos a una expresión muy popular que intenta describir cómo se sienten algunas personas durante las primeras semanas de la primavera.
Pueden notar más cansancio de lo habitual, somnolencia, menor capacidad de concentración, cierta apatía o la impresión de que las actividades cotidianas requieren más esfuerzo.
Sin embargo, no existe un conjunto de síntomas suficientemente específico que permita afirmar que toda persona que se siente cansada en primavera presenta una entidad clínica independiente denominada astenia primaveral.
Muchos de esos síntomas son inespecíficos y aparecen en situaciones muy diferentes.
Por ejemplo, dormir una hora menos de forma repetida puede generar cansancio y dificultad para concentrarse.
Una época de mayor carga laboral puede producir agotamiento.
Una infección reciente puede dejar una sensación de debilidad durante un tiempo.
También determinadas alteraciones médicas, algunos medicamentos, problemas de sueño, ansiedad o un estado de ánimo deprimido pueden acompañarse de cansancio.
Por eso la expresión astenia primaveral debería utilizarse con prudencia y no como una explicación automática de cualquier síntoma que aparezca coincidiendo con el cambio de estación.
Si el malestar es leve y desaparece tras unos días de adaptación puede no tener mayor trascendencia. Si persiste, aumenta o afecta claramente al funcionamiento habitual, es importante analizar qué está ocurriendo.
Una de las consultas que Google ya relaciona con este artículo es “cuándo empieza la astenia primaveral”.
No existe una fecha exacta.
Cuando las personas utilizan esta denominación suelen referirse a molestias que aparecen coincidiendo con las primeras semanas de primavera.
No tiene por qué comenzar exactamente el día en que empieza oficialmente la estación.
De hecho, los cambios ambientales no se producen de manera brusca ni son iguales todos los años.
Puede cambiar la temperatura, aumentar progresivamente el número de horas de luz y modificarse la forma en que organizamos nuestras actividades.
Además, en España coincide aproximadamente con el cambio al horario de verano, que supone modificar una hora nuestros horarios oficiales.
Algunas personas se adaptan prácticamente sin notarlo.
Otras necesitan unos días para ajustar el sueño y las rutinas.
Por tanto, no existe un calendario que permita decir que una persona “debería” tener astenia primaveral a partir de una determinada fecha.
Otra pregunta lógica es cuánto tiempo debería durar esa sensación de adaptación.
Si realmente estamos ante un malestar transitorio relacionado con modificaciones de horarios, rutinas o sueño, cabría esperar una mejoría progresiva.
Lo importante no es establecer un número exacto de días, sino observar la evolución.
Una sensación ligera de sueño o menor energía que va disminuyendo es muy diferente de un cansancio profundo que continúa durante semanas.
Tampoco deberíamos normalizar un deterioro progresivo simplemente porque haya comenzado en primavera.
Si una persona continúa sintiéndose extremadamente cansada, no puede realizar sus actividades habituales o cada semana se encuentra peor, merece la pena estudiar qué otras causas pueden estar interviniendo.
En ocasiones se descubre que el problema no tenía relación real con la estación.
Puede existir falta de sueño acumulada, estrés mantenido, una situación médica, un problema emocional o una combinación de varios factores.
Las personas que utilizan esta expresión suelen describir fundamentalmente cansancio físico o mental.
También pueden aparecer otras sensaciones inespecíficas.
El problema es que ninguno de estos síntomas es específico de la primavera.
El cansancio, por ejemplo, es una de las experiencias más comunes y puede responder a multitud de circunstancias.
Del mismo modo, la dificultad de concentración puede aparecer simplemente después de varias noches de descanso insuficiente.
Por eso no resulta recomendable realizar un autodiagnóstico únicamente por reconocer varios síntomas de una lista.
Entre las consultas de Search Console aparece también “astenia primaveral mareos”.
Conviene ser especialmente cuidadosos con esta asociación.
El mareo puede aparecer junto al cansancio, pero tiene múltiples causas posibles y no debería atribuirse automáticamente al cambio de estación.
Puede relacionarse con variaciones de presión arterial, deshidratación, alteraciones vestibulares, anemia, problemas metabólicos, medicación, ansiedad y muchas otras situaciones.
Una persona puede encontrarse cansada en abril y experimentar un episodio de mareo, pero la coincidencia temporal no demuestra que ambos síntomas sean consecuencia de la primavera.
Si el mareo aparece de forma recurrente, es intenso o no se había experimentado anteriormente, es recomendable comentarlo con un profesional sanitario.
Ante desmayo, dificultad para hablar, pérdida brusca de fuerza, alteraciones visuales importantes, dolor torácico, dificultad respiratoria, dolor intenso u otros síntomas preocupantes debe buscarse atención sanitaria. En una situación de emergencia en España, 112.
Search Console también ha mostrado expresiones como astenia intensa y astenia profunda.
Aquí la prudencia es todavía más importante.
Si el cansancio es profundo, limita claramente la actividad cotidiana o hace difícil realizar tareas que hasta hace poco podían hacerse con normalidad, no conviene dar por hecho que se trata simplemente de una adaptación estacional.
La fatiga intensa puede aparecer en numerosos problemas físicos.
También puede acompañar a alteraciones del sueño o determinados problemas psicológicos.
Incluso puede aparecer como consecuencia de un periodo de gran sobrecarga y falta de descanso.
Cuando el síntoma tiene una intensidad elevada, la pregunta debería dejar de ser “¿será la primavera?” y pasar a ser “¿qué puede estar produciendo este cansancio?”.
Esa diferencia aparentemente pequeña puede evitar que se normalice durante demasiado tiempo una situación que merece atención.
Nuestra vida cotidiana está organizada alrededor de ritmos y rutinas.
Dormimos aproximadamente a determinadas horas, nos levantamos siguiendo un horario, comemos en ciertos momentos y distribuimos nuestra actividad según obligaciones y hábitos.
Cuando una parte de esa organización cambia, el organismo puede necesitar cierto tiempo para ajustarse.
La primavera coincide con varios cambios.
Aumentan las horas de luz.
Se modifican temperaturas.
Podemos pasar más tiempo en el exterior.
Cambian algunas rutinas sociales y, además, se produce el cambio oficial de hora.
Ninguno de estos factores implica necesariamente que una persona vaya a sentirse mal.
De hecho, muchas personas refieren encontrarse mejor con más horas de luz y mayor posibilidad de realizar actividades al aire libre.
Sin embargo, otras pueden necesitar un periodo breve para adaptarse.
Una modificación del horario de acostarse o levantarse puede alterar temporalmente la sensación de descanso, especialmente si ya existía cierta falta de sueño acumulada.
La exposición a luz natural participa en la regulación de nuestros ritmos diarios y puede influir en la forma en que organizamos sueño y actividad.
En ocasiones llegamos a primavera después de meses de exigencia laboral, familiar o académica y atribuimos al cambio de estación un agotamiento que ya se estaba acumulando.
Más actividades, horarios diferentes, modificaciones en el ejercicio o una vida social distinta también pueden cambiar nuestra percepción de energía.
Otra consulta detectada es “astenia psicológica”.
La expresión puede llevar a pensar que existe un tipo concreto de astenia cuyo origen es exclusivamente psicológico.
Es preferible no interpretarlo de esa manera.
Lo que sí sabemos es que el cansancio puede aparecer en contextos psicológicos diferentes.
Una persona con ansiedad sostenida puede sentirse agotada después de pasar gran parte del día en un estado elevado de activación.
Alguien sometido a un nivel de estrés importante puede dormir peor y levantarse cada mañana sintiendo que no ha descansado.
La depresión también puede acompañarse de una disminución marcada de energía y motivación.
Determinadas situaciones de sobrecarga emocional pueden producir una sensación de agotamiento difícil de separar inicialmente del cansancio físico.
Pero la presencia de estrés o ansiedad no debería utilizarse para descartar otras causas.
Una persona puede tener ansiedad y presentar simultáneamente anemia, un problema tiroideo, una alteración del sueño u otra condición médica.
Psicología y medicina no son explicaciones excluyentes.
Del mismo modo, encontrar una causa física no impide que el estado emocional pueda influir en cómo vivimos el cansancio. Lo importante es valorar a la persona de manera completa.
La diferencia entre la llamada astenia primaveral y la depresión merece especial atención porque ambos conceptos pueden asociarse coloquialmente con apatía, cansancio o falta de ganas.
Sin embargo, no son equivalentes.
La depresión es un trastorno clínico que puede producir cambios importantes y mantenidos en el estado de ánimo, la capacidad para disfrutar, la energía, el sueño, el apetito, la concentración y el funcionamiento diario.
Puede existir tristeza persistente.
Pero no siempre es la única manifestación.
Algunas personas describen sobre todo vacío, pérdida de interés o incapacidad para disfrutar de actividades que antes sí les resultaban agradables.
Otras presentan un cansancio muy marcado.
La duración, intensidad y extensión del problema son importantes.
La expresión astenia primaveral, en cambio, se utiliza habitualmente para describir un malestar más limitado y transitorio coincidiendo con el cambio de estación.
Existe cansancio o cierta desgana durante un periodo limitado, pero en general se mantiene la capacidad de disfrutar, relacionarse y continuar con las actividades cotidianas.
El malestar puede ser más persistente y afectar de manera amplia al estado de ánimo, motivación, disfrute, pensamiento, sueño, relaciones y funcionamiento cotidiano.
El artículo antiguo indicaba que la astenia podía superarse simplemente con “un cambio de actitud”.
No mantengo esa afirmación.
Sentirse agotado no es necesariamente una cuestión de actitud.
Tampoco la depresión puede explicarse por falta de voluntad.
Lo adecuado es observar qué síntomas existen, cuánto tiempo llevan presentes y cuánto están afectando a la persona.
Si existe bajo estado de ánimo persistente, pérdida importante de interés, aislamiento o un deterioro significativo del funcionamiento, puedes consultar nuestra información sobre depresión .
La falta de ganas puede tener significados muy diferentes.
Todos atravesamos días en los que tenemos menos energía o motivación.
También podemos sentir cierta pereza después de dormir mal o después de varias semanas particularmente exigentes.
Lo importante es observar si la sensación es puntual o se está convirtiendo en la norma.
Si una persona empieza a abandonar actividades que antes disfrutaba, deja de relacionarse, siente que nada le interesa y esta situación se mantiene, merece una valoración distinta a la de una adaptación pasajera al cambio de estación.
No conviene esperar indefinidamente pensando que “se pasará cuando acabe la primavera”.
La ansiedad puede provocar una sensación importante de agotamiento.
Nuestro organismo consume recursos cuando permanece durante mucho tiempo en estado de alerta.
Una persona que pasa el día preocupándose, anticipando problemas o sintiendo tensión corporal puede terminar la jornada exhausta.
Además, la ansiedad puede dificultar el sueño.
Algunas personas tardan mucho en dormirse porque no consiguen desconectar.
Otras se despiertan varias veces durante la noche.
También puede existir un sueño aparentemente prolongado pero poco reparador.
En estas situaciones el cansancio del día siguiente puede confundirse con una supuesta astenia estacional.
Conviene valorar si, además de la falta de energía, existen preocupaciones constantes, tensión, sensación de amenaza, dificultad para relajarse, palpitaciones u otros síntomas de ansiedad.
Puedes ampliar información en nuestra página sobre ansiedad .
El estrés no siempre se vive como nerviosismo.
En ocasiones se experimenta principalmente como cansancio.
Una persona puede llevar meses intentando cumplir con responsabilidades laborales, familiares y personales sin disponer de suficiente recuperación.
Durante un tiempo consigue mantener el ritmo.
Después empieza a notar dificultad para concentrarse, irritabilidad, alteraciones del sueño y una sensación creciente de agotamiento.
Si esto coincide con abril o mayo, puede pensar inmediatamente en astenia primaveral.
Sin embargo, quizá el elemento más importante sea la sobrecarga acumulada.
Preguntarse cómo han sido las semanas anteriores puede ayudar a comprender mejor el origen del malestar.
Nuestra página sobre estrés amplía esta cuestión.
Antes de atribuir el cansancio a la primavera conviene revisar algo muy básico: cuánto y cómo estamos durmiendo.
Es posible dormir menos sin ser plenamente conscientes.
Acostarnos media hora más tarde y levantarnos algo antes puede parecer una diferencia mínima.
Pero repetida durante varios días puede acumular una deuda importante de sueño.
También importa la calidad.
Despertarse repetidamente, roncar intensamente, presentar pausas respiratorias observadas por otra persona o levantarse siempre con sensación de no haber descansado son aspectos que merecen atención.
Si el problema principal parece estar en el sueño, puedes consultar nuestra página sobre problemas del sueño .
El cambio al horario de verano puede resultar molesto para algunas personas durante unos días.
Aunque el reloj avance solamente una hora, nuestros hábitos no siempre cambian con la misma rapidez.
Podemos acostarnos a una hora que el organismo todavía percibe como temprana o tener dificultad para dormir a pesar de necesitar levantarnos antes según la nueva hora oficial.
Generalmente esta adaptación es limitada.
Mantener cierta regularidad, exponerse a luz natural durante el día y evitar desplazar cada noche más el horario puede facilitar el reajuste.
Si el cansancio continúa durante mucho tiempo, probablemente sea necesario mirar más allá del cambio horario.
Los cambios ambientales pueden relacionarse con cambios subjetivos en cómo nos sentimos, pero no existe una respuesta única.
Algunas personas esperan con entusiasmo la primavera.
Más luz, mejores temperaturas y actividades al aire libre pueden favorecer su bienestar.
Otras notan temporalmente más cansancio o dificultad para reorganizar sus rutinas.
También existen personas que no perciben ningún cambio.
Es importante no convertir una experiencia individual en una regla universal.
Si cada primavera una persona identifica un patrón muy marcado de cambios emocionales, puede ser útil observarlo y comentarlo con un profesional.
Pero si aparece por primera vez una tristeza intensa o una modificación importante del funcionamiento, la prioridad es valorar ese problema directamente.
La época del año puede coincidir con el inicio de un problema de ansiedad, depresión, estrés o dificultades de sueño. La evolución y el conjunto de síntomas ayudan a comprender mejor qué está ocurriendo.
Cuando el cansancio es leve, reciente y no existen síntomas preocupantes, puede ser útil empezar revisando rutinas básicas.
No necesitamos realizar cambios extremos.
De hecho, los ajustes sencillos y mantenibles suelen ser más razonables.
Estas recomendaciones son generales.
No constituyen un tratamiento de una enfermedad ni sustituyen la valoración médica cuando existen síntomas persistentes.
Depende de la causa.
Si una persona ha dormido poco durante varios días, recuperar horas de descanso probablemente resulte útil.
Pero si existe un problema médico, un trastorno del sueño, una depresión o una situación de ansiedad importante, simplemente permanecer más tiempo en la cama puede no resolverlo.
De hecho, en determinados casos aumentar excesivamente el tiempo en cama puede desorganizar todavía más los horarios de sueño.
Por eso conviene observar cómo responde el cuerpo.
Si después de dormir adecuadamente y reducir la carga durante varios días la sensación de agotamiento continúa sin cambios, merece la pena consultar.
Una reacción frecuente ante el cansancio consiste en aumentar el consumo de café, bebidas energéticas u otros estimulantes.
Una cantidad moderada de cafeína puede aumentar temporalmente la sensación de alerta en algunas personas.
Pero utilizarla para compensar sistemáticamente un descanso insuficiente puede crear un problema adicional.
Si se consume demasiado tarde puede interferir en el sueño nocturno.
Al día siguiente existe más cansancio y vuelve a aumentarse el consumo.
En personas con ansiedad, grandes cantidades de cafeína también pueden aumentar palpitaciones, temblor o nerviosismo.
En lugar de utilizar estimulantes como solución principal, resulta más útil preguntarse por qué existe tanto cansancio.
Existe también una dimensión psicológica relacionada con nuestras expectativas.
Algunas personas interpretan cualquier bajada temporal de rendimiento como un problema grave.
Esperan mantener exactamente el mismo nivel de productividad todos los días del año.
Sin embargo, la energía fluctúa.
Dormimos mejor unas noches que otras.
Hay semanas más exigentes.
Existen momentos en los que necesitamos más recuperación.
Aceptar cierta variabilidad no significa normalizar un agotamiento persistente.
Significa diferenciar una oscilación cotidiana de una situación que realmente está deteriorando nuestra calidad de vida.
Esta es probablemente la pregunta más importante de todo el artículo.
Una etiqueta aparentemente tranquilizadora puede convertirse en un problema si hace que retrasemos una consulta necesaria.
Conviene valorar otras posibles causas cuando el cansancio:
Si existen síntomas físicos significativos, la primera valoración puede ser médica.
Si el cansancio aparece claramente dentro de un contexto de ansiedad, estrés, estado de ánimo bajo o problemas psicológicos, puede ser útil realizar también una valoración psicológica.
La estación no debe utilizarse como explicación para aplazar la valoración de un cansancio intenso, mareos recurrentes, desmayos, pérdida de peso inexplicada, dificultad respiratoria, fiebre u otros síntomas relevantes.
Un psicólogo no “trata la primavera”.
La intervención psicológica tiene sentido cuando detrás del cansancio o junto a él existen factores psicológicos que están provocando malestar.
Por ejemplo, podemos encontrar estrés mantenido.
Una persona quizá lleva meses trabajando con un nivel de exigencia excesivo.
Otra puede estar viviendo una situación familiar difícil.
También puede existir ansiedad que impide descansar incluso cuando aparentemente hay tiempo suficiente para hacerlo.
En otros casos aparecen síntomas depresivos.
O una combinación de problemas de sueño, pensamientos repetitivos y sobrecarga.
La intervención debe dirigirse a esos factores concretos y no a una etiqueta estacional.
Cuando la valoración indica que existen factores psicológicos relevantes, el trabajo puede centrarse en aspectos como:
El objetivo debe adaptarse siempre a la situación concreta.
Desde el Centro de Psicología hemos abordado también en nuestros espacios de divulgación las dudas que suelen aparecer cuando comienza la primavera.
Montserrat Guerra, directora del área clínica, ha tratado esta cuestión en radio explicando la importancia de diferenciar un periodo pasajero de adaptación de síntomas que necesitan una valoración más completa.
Uno de los mensajes fundamentales es evitar dos extremos.
Por una parte, no debemos convertir cualquier pequeña variación de energía en una enfermedad.
Pero tampoco debemos utilizar la expresión “astenia primaveral” para normalizar durante semanas o meses un malestar intenso.
La intensidad, duración y repercusión en la vida cotidiana son elementos esenciales para decidir cuándo merece la pena consultar.
Es una denominación popular utilizada para describir cansancio, apatía, somnolencia o menor energía que algunas personas relacionan con el comienzo de la primavera. No constituye por sí misma un diagnóstico clínico independiente.
No existe una fecha exacta. Cuando aparece una sensación transitoria relacionada con cambios de rutinas o estación suele describirse durante las primeras semanas de primavera, pero no todas las personas la experimentan.
Si se trata realmente de una adaptación temporal, debería observarse una mejoría progresiva. Un cansancio que continúa durante semanas, empeora o interfiere de manera importante en la vida cotidiana merece otra valoración.
Las personas suelen describir cansancio, somnolencia, menor concentración, apatía, irritabilidad o sensación de falta de energía. Son síntomas inespecíficos y pueden aparecer por muchas otras razones.
Un mareo puede coincidir con un periodo de cansancio, pero no debe atribuirse automáticamente a la primavera. Existen numerosas causas posibles y conviene valorarlo si es intenso, nuevo o recurrente.
La expresión describe una sensación importante de falta de energía o debilidad. Cuando el cansancio es intenso no debería darse por hecho que tiene relación con la primavera; es recomendable valorar otras posibles causas.
El cansancio puede acompañar a ansiedad, estrés, depresión o sobrecarga emocional. Sin embargo, no conviene atribuir automáticamente una fatiga persistente a una causa psicológica sin considerar otras explicaciones.
No. La depresión es un trastorno clínico que puede afectar de forma persistente al estado de ánimo, el interés, la energía, el sueño, el pensamiento y el funcionamiento. Un periodo transitorio de cansancio coincidiendo con primavera no equivale a depresión.
Sí. La activación mantenida, las preocupaciones constantes y las dificultades para dormir pueden producir una sensación considerable de cansancio. Esto puede suceder en cualquier época del año.
Algunas personas notan durante varios días una alteración de sus horarios de sueño después del cambio de hora. Habitualmente el organismo se reajusta de manera progresiva.
Puede ser útil revisar sueño, horarios, alimentación, hidratación, actividad física, carga de trabajo y nivel de estrés. Si el cansancio es intenso, persistente o aumenta, conviene realizar una valoración.
Cuando el cansancio es intenso, persiste, empeora o aparece junto a síntomas como desmayos, mareos frecuentes, dificultad respiratoria, fiebre, pérdida de peso inexplicada, dolor importante u otros cambios físicos relevantes.
Cuando el cansancio aparece en un contexto de estrés, ansiedad, problemas de sueño, bajo estado de ánimo, autoexigencia o sobrecarga emocional que están afectando significativamente a la persona.
Trabajamos dificultades emocionales frecuentes como ansiedad, depresión y estrés, adaptando la intervención a cada persona.
Orientación profesional para momentos concretos en los que necesitas comprender mejor una dificultad o tomar decisiones sobre cómo afrontarla.
Atención psicológica individual para mayores de 16 años, con confidencialidad y un enfoque adaptado a las necesidades de cada persona.
Realizamos evaluaciones psicológicas, neuropsicológicas y psicopedagógicas según la demanda y las necesidades de cada caso.
Si junto al agotamiento aparecen estrés, ansiedad, bajo estado de ánimo, dificultades para dormir o una sensación mantenida de sobrecarga, podemos ayudarte a valorar qué está ocurriendo.
Si existen síntomas físicos persistentes, intensos o nuevos, es importante realizar también la valoración médica correspondiente.
Solicitar informaciónEste contenido es informativo y no sustituye una valoración médica o psicológica individualizada. El cansancio, los mareos y otros síntomas físicos pueden tener múltiples causas y deben evaluarse cuando son intensos, persistentes, progresivos o preocupantes.